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Exhibición de irresponsabilidad

Josep Ramoneda analiza la intervención de Pablo Casado en el Congreso, en la que ha acusado a Pedro Sánchez de participar en el supuesto golpe de estado que han dado los independentistas. Además reflexiona sobre las redes sociales y las consecuencias del asesinato del periodista saudí Jamal Kashoggi

Cuando Pablo Casado acusa al presidente Sánchez “de partícipe y responsable del golpe de Estado que se está perpetrando en España”, además de hacer méritos para entrar en una antología de la infamia, ofrece una exhibición de irresponsabilidad. Casado tiene prisa porque su liderazgo flojea y la derecha está más dividida que nunca. Y conforme al canon de la nueva extrema derecha europea ha optado por el atajo: todo está permitido. En democracia, la responsabilidad empieza ya en la oposición. Y Casado debería sentirse corresponsable de encauzar políticamente el problema catalán. Entiendo que al PP le moleste que Pedro Sánchez intente lo que Rajoy no supo hacer: buscar distensión y salida política a la cuestión catalana, que nos habría ahorrado la incómoda situación actual en que los jueces tienen transferida la última palabra. Apuntarse al “a por ellos”, utilizar el artículo 155 como arma arrojadiza en la pugna partidaria, apelar a la demagogia patriotera y hacer imputaciones sin sentido al presidente del gobierno, puede proporcionarle adhesiones de los más radicales de los suyos, pero no engrandece su figura. Si fuera un líder responsable debería saber que si llegara al poder su primera obligación sería, como entendió Pedro Sánchez, dar salida política a la cuestión catalana. Salvo que Salvini sea su modelo y el populismo su propuesta para España.

Dice el historiador francés Jean Garrigues: “El desarrollo de las redes sociales produce una cierta histerización de la vida pública”. Podríamos decir, al modo de McLuhan, que si la televisión es un medio frío, las redes sociales son un medio caliente, que invita a los mensajes simples, que captan el malestar ciudadano sin exigencia de verdad alguna, ni en el diagnóstico ni en la promesa.

De la teocracia al autoritarismo: el ganador de la crisis de Arabia Saudí, es Recyp Erdogan, otro prototipo del caudillismo rampante que recorre el mundo. Dijo Erdogan que “Turquía era el único país capaz de conducir el mundo musulmán”. Y en ello está. El asunto Khashoggi le ha abierto una pista y por ella se meterá a fondo con la ayuda de Qatar. Y Europa, una vez más, mostrando su irrelevancia.

En “Duelo de Alfiles”, su última joya, Vicente Valero, recuerda que “aquel que viaja se lleva a sí mismo consigo”. Nunca viajamos solos.

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