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Las apariencias y la justicia

La justicia no solo tiene que ser imparcial, tiene que parecerlo. Porque lo que está en juego, como dice la sentencia del tribunal de Estrasburgo de ayer, es la confianza que los tribunales de justicia deben inspirar a los ciudadanos

La justicia no solo tiene que ser imparcial, también tiene que parecerlo. El Tribunal de Estrasburgo falló ayer que España no dio un juicio justo a Arnaldo Otegi porque permitió que una magistrada que había hecho un comentario impropio, le juzgara. Es decir, porque el tribunal no parecía imparcial.

Casi en paralelo, el Supremo, tras casi tres semanas de caos, decidió rectificar una rectificación. Durante años había dicho que el impuesto de las hipotecas lo pagaban los clientes. Pero el 16 de octubre cambió de criterio y decidió que lo pagaban los bancos. Y ayer, tras un tenso pleno de 28 magistrados, quedó sentenciado que lo vuelven a pagar los consumidores.

Algunos magistrados votaron ayer una cosa y la contraria. El propio presidente de la sala tercera votó primero una propuesta para que el impuesto lo paguen los bancos, aunque sin retroactividad, y poco después fue su voto el que inclinó la balanza para que lo paguen los consumidores. ¿Alguien entiende algo?

Ha sido un sainete insólito, y evitable. La justicia no solo tiene que ser imparcial, tiene que parecerlo. Porque lo que está en juego, como dice la sentencia del tribunal de Estrasburgo de ayer, es la confianza que los tribunales de justicia deben inspirar a los ciudadanos en una sociedad democrática.

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