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Torpeza, cobardía y demagogia

La opinión de Carles Francino tras la decisión del Supremo y la reacción de los partidos políticos

No se me ocurre una calamidad peor para un país, un país democrático se entiende; no se me ocurre una calamidad peor que el descrédito de la justicia, la falta de confianza en los tribunales. Y la verdad es que el Tribunal Supremo acaba de dar en un plis-plas, en apenas unos días, todo un máster sobre cómo cargarse su reputación.

Creo que a estas alturas está casi todo dicho sobre la torpeza y las sospechas de enjuague que ha transmitido. Una imagen muy tóxica que costará Dios y ayuda mejorar. Lo cual es una pena, entre otras cosas porque existen en España un montón de jueces y juezas que trabajan haciendo frente a presiones de todo tipo, sin ir más lejos en los asuntos de corrupción política.

Creo que no deberíamos cometer el error de apostar por una enmienda a la totalidad de la judicatura española; ni mucho menos. Lo cual me lleva a otra esfera: la política.

Esta mañana he refrescado la definición de demagogia. Dícese del "empleo de halagos, falsas promesas que son populares pero difíciles de cumplir; y otros procedimientos similares para convencer al pueblo y convertirlo en instrumento de la propia ambición política". Bueno, pues en estas últimas horas yo he escuchado algunas cosas que, en fin, parece una especie de circo o de concurso a ver quién va más lejos.

Al presidente del gobierno, por ejemplo, a Pedro Sánchez, aquella prudencia que él mismo sugería para no legislar en caliente parece que se le ha olvidado de golpe. Pablo Casado ha ido incluso más allá: "cuando gobernemos, ha dicho, suprimiremos el impuesto". Ya no que lo pague el banco o el cliente; nada, fuera. Albert Rivera cree que si una sentencia, una ley no te gusta algo tendrás que hacer desde el ámbito político. Claro, claro, pero será que no han tenido tiempo desde que esa ley entró en vigor hace un montón de años.

De repente todos han descubierto que es injusta. ¡Ah, bueno! Y Pablo Iglesias reclama que se devuelva el dinero a los españoles; él siempre gana por elevación. Resumiendo: ¡qué pereza todo, la verdad! Y qué sonrojo también. Porque, claro, a los bancos, a la banca, se le puede criticar por un montón de cosas relacionadas casi siempre con su voracidad; son insaciables, estoy de acuerdo. Pero como ayer nos recordaba Toni Martínez el grueso del rescate financiero, la mayor parte de los más de 60.000 millones que hubo que apoquinar fueron para cubrir los socavones, los desastres que había en las cajas de ahorro, ¡por la gestión de políticos!

Porque fue la colonización partidista lo que hundió a estas entidades y acabó generando un pufo gigantesco. Así que, cuidado con lo de la paja y la viga en el ojo ajeno, ¿eh? Los jueces, torpes y cobardes. Los bancos, usureros, aves de rapiña. Pero…. ¿y los políticos? Acordémonos de la biblia: “quien esté libre de pecado que tire la primera piedra”. Igual no es muy popular todo esto que he dicho, pero yo, sinceramente, lo veo así. Aquí hay para todos.

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