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El entierro de los cuerpos que devuelve el mar

Los inmigrantes que llegan a las costas españolas pasan un largo proceso hasta que, finalmente, pueden ser sepultados o repatriados

Como un goteo incesante, cada día de esta semana han llegado cuerpos sin vida de inmigrantes a la playa de Los Caños de Meca, en Cádiz. Cuerpos que pertenecían a una embarcación que arribó el lunes con 22 supervivientes y de la que aún permanecen, al menos 10 personas desaparecidas. El mar va devolviendo los cadáveres que, al llegar a la costa, inician un largo proceso hasta su entierro. En lo que va de año más de 600 inmigrantes han muerto o desaparecido en el Estrecho. Una cifra que duplica la de 2017. 

Al llegar a la playa, los cuerpos pasan a disposición del Juzgado de la localidad y de la Policía Judicial. Son ellos los encargados de hacer las pruebas de ADN para identificar a las familias. Una tarea compleja, para la que las ONG son clave. A un lado y al otro del Mediterráneo colaboran estrechamente con fotografías para obtener todos los datos posibles.

Una vez confirmado el ADN de ambas partes, la familia es la encargada de decidir si se entierra o se repatría el cadáver. El problema llega cuando los parientes no se localizan. "Los cuerpos suelen pasar varios meses en una cámara frigorífica para tener tiempo", relata Encarna Márquez, miembro de Algeciras Acoge. Pero si nada da resultado, es el Ayuntamiento del municipio, en el que se halla el cadáver, el que debe hacerse cargo del entierro. "Se hace como si se tratara de un indigente. Estarán cinco años en un nicho y luego pasan a una fosa común de huesos", explica Márquez. 

Por eso, no son pocas las acciones que se hacen en muchas localidades para tratar de homenajear a estas personas que mueren cruzando el Estrecho. Los Círculos del Silencio se hacen los segundos miércoles de cada mes, a la misma hora, en diferentes localidades de las dos orillas. En Cádiz, Conil, Barbate, Tarifa, Algeciras, Ceuta, Tánger, Melilla y Málaga decenas de personas se reúnen en las plazas públicas para esta ceremonia en la que se reza con la Biblia y con el Corán para que nadie quede excluido. 

Desde 1993 Gabriel Delgado, secretario de migraciones del Obispado de Cádiz, lleva oficiando liturgias de entierro para inmigrantes. "Es muy difícil enterrar a una persona cuando no sabes nada de ella, ni su nombre. Recuerdo haber dicho a las personas que estaban conmigo, en alguna ocasión, que teníamos que vivir ese momento como si fuéramos su familia", relata Delgado. 

porcausa.org

Esta semana se cumplían 30 años desde el primer naufragio documentado de personas migrantes en costas españolas. Desde 1988 son 6.714 el número estimado de muertos y desparecidos solo en aguas del Estecho. Un número que desde la Organización Internacional de Migración estiman como mínimo, porque hay muchas de las muertes que ni si quiera llegan a documentarse. Las ONG reclaman que se agilicen los trámites de visado para que las familias puedan venir antes a identificar los cuerpos, así como que se puedan hacer pruebas de ADN en los consulados de diferentes países para facilitar el proceso. 

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