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Politización del poder judicial

Josep Ramoneda reflexiona sobre la decisión del Gobierno de traspasar el impuesto de las hipotecas a los bancos, la salida de la política de Rajoy, Sáenz de Santamaría y Cospedal, y las declaraciones del obispo Carlos López sobre las víctimas de abusos por parte de la Iglesia

Después del penoso espectáculo del Supremo, el gobierno toma la bandera de los consumidores y traspasa el impuesto de las hipotecas a los bancos. Es una decisión popular y nadie osa oponerse. A Casado, buscando una rendija para discrepar, no se le ha ocurrido otra cosa que pedir la supresión del tal impuesto. La broma costaría más de seis mil millones a las Comunidades Autónomas. Es hora, sin embargo, de recordar un par de cosas. La norma que rige este impuesto es del 93, populares y socialistas han tenido muchos años para cambiarla. Se confirma así que la dejadez del poder ejecutivo es la vía más directa a la politización del judicial. Segunda, traslada la carga del impuesto a los bancos, ¿qué cambiará? ¿Qué garantías puede ofrecer el gobierno al consumidor de que el Dios mercado no va a ajustar al alza los precios?

Sitúense medio año atrás. Cuando la triada Rajoy, Sáenz de Santamaría, Cospedal, gobernaba con impostada suficiencia el país y el PP. Ya no está en política ninguno de los tres. Rajoy y Sáenz de Santamaría perdieron y se esfumaron, lo que les dignifica. Cospedal se va sin contener el resentimiento: “Un partido que no defiende a los suyos no puede esperar que los ciudadanos confíen en él”. Pero a los tres les ha echado lo mismo: una visión corporativista y cerrada del poder que les pilló a contrapié ante dos crisis: la Gürtel y la catalana. En el primer caso, presidente y secretaria general no fueron capaces de asumir sus responsabilidades y han acabado pagándolo. En el segundo, presidente y vicepresidenta subrogaron las suyas a los jueces. Y estamos dónde estamos.

¿Por qué se han callado? ¿Por qué todavía las víctimas no quieren decir nada? Estas palabras grabadas de una conversación del obispo Carlos López con una víctima de la pederastia de sotana, son un fiel reflejo del comportamiento de la jerarquía eclesiástica. No solo se niega a afrontar un problema estructural de la Iglesia católica, sino que, como todo poder totalitario busca convertir a la víctima en culpable. Extraña interpretación del principio de caridad cristiana: todo vale para salvar la imagen de la institución. No es solo el celibato la causa de esta plaga eclesiástica, ni tampoco la lógica patriarcal de un poder que excluye a las mujeres. Es la arrogancia del funcionario de Dios que cree que todo le está permitido a imagen y semejanza del todopoderoso.

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Cadena SER

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