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Confundirse de enemigo

La pirueta del Supremo no ayuda a abandonar esa sensación, pero tampoco las amenazas apocalípticas de Podemos contra la banca

El Supremo, en línea con la práctica totalidad de las instituciones y colectivos de este país nuestro, ha sido incapaz de sacar la pata que él mismo metió con la sentencia sobre quién debe pagar el impuesto de las hipotecas. Como dijo Pedro Sánchez hace más de un año, es decir cuando estaba en modo jefe de la oposición y no en modo presidente según la doctrina recientemente formulada por la vicepresidenta Carmen Calvo, “tenemos la sensación a veces de que aquí no hay quien viva”. Era un guiño simpático a la serie que se emite en uno de los canales del grupo donde estaba siendo entrevistado. Lo decía a cuenta del empeño de Rajoy en seguir gobernando en el caso de no haber sacado adelante los presupuestos que hoy están en vigor y, a lo que parece, lo estarán hasta el 2020.

La verdad es que la pirueta del Supremo no ayuda a abandonar esa sensación, pero tampoco las amenazas apocalípticas de Podemos contra la banca. La banca no es el enemigo del ciudadano. El Impuesto sobre Actos Jurídicos Documentados es, como su propio nombre indica, un impuesto que termina en las arcas de Hacienda como ocurre en otros países europeos pero con un gravamen muchísimo menor que aquí, y en Alemania, Italia o Gran Bretaña ni siquiera existe. Elimínese el impuesto, o al menos rebájese de forma significativa, y adiós al problema, pero qué gobierno es capaz de abandonar su voracidad recaudatoria. Otras soluciones como la anunciada ayer por el presidente y aplaudida por todos los partidos, que para eso huele ya a elecciones, no dejará de ser un parche. Y los parches terminan cayéndose.

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