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Epidemia de ira

Creo que estamos atacados por una epidemia de ira. Y la ira, cuando es profunda, se convierte en una suerte de locura

VIDEO: PABLO PALACIOS

Es posible que alguien lo considere una simple anécdota, o barullo mental de una persona con ideas extremistas. Pero yo creo que hay algo más de fondo y que al menos, por si acaso, podría servirnos como señal de alarma. La detención de un hombre, defensor a ultranza del franquismo, que según parece quería cargarse al presidente del Gobierno.

Yo eso me niego a rebajarlo a categoría de ocurrencia. No tanto por el peligro real de este individuo, que por muy tirador profesional que sea demuestra también sus limitaciones cuando pide ayuda en un chat para que le ayuden a matar a Pedro Sánchez. Y así le han pillado, claro; y por eso está en la cárcel. No, lo digo porque el hecho de verbalizar –e incluso de planear, aunque sea de forma tosca- algo tan bestia, es la guinda de una espiral de crispación, a muchos niveles, que sinceramente creo que no nos conduce a nada bueno.

El debate político –y mediático, el mediático también- en España ha regresado a territorios de bronca y descalificación, insultos incluso, como hace años que no ocurría. Es verdad que toda la crisis catalana ha agudizado muchas sensibilidades hasta el punto de convertirlas en intransigencias; del lado que sea. Toda la situación política de estos años, incluido el último cambio de gobierno, transmite la misma sensación que una borrasca, es verdad.

Pero no es sólo eso, no es sólo la política o los partidos. Ahí tenemos la intolerancia con el humor, el dogmatismo en la defensa de posiciones propias, de lo que sea; las reacciones viscerales contra el movimiento feminista… ¡Si hasta la votación de un jurado de Operación Triunfo ha provocado un tsunami en las redes! ¿Qué nos está pasando?

Hombre, siempre podemos culpar a Trump porque es el hombre más poderoso del mundo y da un ejemplo pésimo, pero no estaría mal que aprovecháramos para ponernos cada uno –y cada una- frente al espejo. Porque creo que estamos atacados –y ese es un mal general- por una epidemia de ira. Y la ira, cuando es profunda, se convierte en una suerte de locura. Yo –modestamente- recomendaría seguir el consejo de Thomas Jefferson, que dijo: “Cuando estés molesto, cuenta a diez antes de hablar. Y si estás muy molesto, cuenta hasta cien”. Pues eso.

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