Últimas noticias Hemeroteca

Álvaro Vizcaíno: "Quedé colgado de un acantilado de 12 metros y tuve que escoger cómo caer en las rocas"

El surfista habla de 'Solo', su libro en el que cuenta cómo consiguió sobrevivir después de caer en un acantilado

A Álvaro Vizcaíno le cambió la vida una ola. Todo comenzó cuando un día mientras conducía por la costa oeste de Fuerteventura, repleta de acantilados y playas salvajes, decidió cambiar su plan inicial, dar un volantazo e intentar llegar a "uno de los paisajes más espectaculares que yo he visto en mi vida", cuenta en una entrevista en SER Aventureros donde presenta su libro 'Solo'. 

Pero algo se torció. "Era muy pronto y la arena en la última duna estaba sólida. Así es que perdí los pies, me resbalé y caí por un terraplén hasta que me quedé colgando de un acantilado". "Pasé por todos los estados. Lo primero fue negación, lo segundo enfado conmigo mismo por haberme puesto en esa situación y lo tercero fue pánico. Era mucha altura -unos 12 metros-, abajo había rocas y sabía que sobrevivir al caer de espaldas en una roca así era muy difícil. Sobrevivir significaba quedar muy mal", relata con una voz tranquila.

"Sabía que me iba a caer igualmente, así que decidí la mejor caída. Era de lado, impulsándome todo lo que pudiese. Entonces empecé a contar las olas y pensé que si caía en una ola mis probabilidades aumentarían. Me lancé cuando creí que venía la siguiente ola y tuve suerte", cuenta. "Fue un gran golpe, pero estaba consciente debajo del agua y por eso ya estaba alegre. El resultado fue la pelvis y la cadera rota en tres sitios y la mano derecha", detalla sin inmutarse la voz.

"Estaba bajo un sol abrasador y perdiendo mucha sangre. Pero mi objetivo era llegar desde las piedras en las que caí hasta una playa. Tuve que nadar utilizando sólo el brazo izquierdo. Llegué a esa cala, pero no me ayudaba nada porque no podía caminar. Me arrastraba con los codos. Tampoco podía flotar porque sólo podía nadar con un brazo. Cuando dentro del agua intentaba mover las piernas, me crujían las fracturas y me desmayaba", continúa. "Ni el agua ni la tierra eran amistosos", añade.

"El tercer día decidí salir de allí y me entablillé el brazo derecho y me construí un brazo remo y con un trozo de corcho hice lo mismo para que me flotasen. Mi objetivo era meterme al mar, pero era mi gran miedo. Volví a la luz en el mar flotando. Me eché al mar a nadar y esperar a una corriente. Vi un punto y decidí ir hacia allí, efectivamente era un barco. Después de un par de kilómetros no podía ni gritar", continúa. "Me paré, seguí respirando y saqué esos silbidos de dentro y me oyeron y ya vinieron".

Vizcaíno resume toda esta aventura así: "sobrevivir hubiese quedarme allí quieto, pero estaba tan al límite... Me hubiese reconcomido morirme al sol. Elegí vivir, que es no esperar nada externo". 

Cargando
Cadena SER

¿Quieres recibir notificaciones con las noticias más importantes?