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Jarrón y tempestad

Un poema inédito de la escritora Guadalupe Grande Aguirre

Como descenso por la flor desapacible. Todos los equipajes. Más ligeros que la eternidad de las víctimas. Se dispersan en el mar de los astros de lana verde.. Las fronteras, la trompeta arcaica, el río circular. Los veloces juguetes de la felicidad, sobre todo. La unidad del error.. Todo menos frágil que la eternidad de las víctimas.. No ha llegado a la retina el enjambre que anima el amor. Ni el sol bajo el oro místico distante a la pasión de volar.. La circulación del ácido en la heredad florida. El puente de cieno, las bridas del horizonte que se ciernen sobre la enorme marea en la encrucijada sin tiempo. El leviatán desde lejanas horas. Devorando el vidrio de la caligrafía, sus benditos perfumes. Todo más espeso que la eternidad de las víctimas. Tal vez los ellos, tal vez las letras en ese jarrón de flores. Atraviesen el sueño del barco perdido. Hasta el puerto todo carcasa en su comienzo marino. Abrazados en la ruta de los ritos. Eternidad de la inmovilidad parapetada. En el cielo delirante donde duerme. Llora, avanza, ama, se exilia lo exiliado de la verdad. Y se abriga el frío de las ardillas que se esconden. Como barco de papel ante la tempestad de las maderas.. Nada tan evidente como la eternidad de las víctimas. Trasparente como la amenazadora belleza de la flor.

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