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En Andalucía se juega el futuro de la derecha

Josep Ramoneda analiza lo que se juega la derecha española en las elecciones andaluzas del domingo, los referéndums sobre la monarquía en distintas universidades y una reflexión del ministro francés Marc Fesnau

Andalucía vota el domingo. Y parece como si lo que estuviera en juego no fuera el gobierno de la región si no el futuro de la derecha. Un mal resultado –es decir, otro fracaso en el intento de desbancar a los socialistas- quedaría atenuado para el PP si consigue mantener a Ciudadanos a distancia. Y, de hecho, la campaña de Casado ha tenido el ojo puesto en sus vecinos más que en Susana Díaz. Y, en esta línea, las fantasías presidenciales que tuvo Albert Rivera antes de la moción de censura contra Rajoy quedarían muy dañadas si Ciudadanos llegara en cuarto lugar. Todo ello con la incógnita Vox, la ultraderecha rampante. ¿Cuántos votos robará a sus adversarios de la derecha? Cuando un partido consigue movilizar en sus mítines mucha más gente que sus rivales, siempre acaba teniendo premio. Por modesto que sea.

¿Y el PSOE? Le basta con seguir gobernando. La alternativa podemita le pondrá precio. Pero nunca podría justificar echar la región en manos de la derecha.

Cadena de referéndums sobre la monarquía en las Universidades. Por supuesto son convocatorias que no tienen más valor que una manifestación callejera, un ejercicio más de la libertad de expresión. Pero, por ahí se empieza. Y en un momento de descrédito de la monarquía, hay pista para los imitadores. Voces del PP ya hablan de prohibiciones, que es la vía más segura para que lo que ahora es un juego adquiera notoriedad y politización. En cualquier caso, es innegable que late bajo este tema la fuerza de una cuestión pendiente.

Dice el ministro francés Marc Fesnau que hay que romper el muro de cristal que separa a los ciudadanos de las élites. Y lleva razón, es la incapacidad de lograrlo lo que, en todas partes, desgasta a los gobernantes y da alas a las estrategias populistas. Pero el ministro se pone en evidencia cuando apunta la solución: “salir de la racionalidad del discurso europeo para hablar a la irracionalidad de los electores”. El problema de Europa es este modelo de político tecnócrata que no puede disimular su sentimiento de casta superior. Y la gente lo nota. Y los populistas lo aprovechan.

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