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La cuesta electoral se empina

Josep Ramoneda reflexiona sobre el panorama electoral que dejan los resultados de las elecciones andaluzas a los distintos partidos a nivel nacional: con el ascenso de la extrema derecha, los posibles pactos y la decisión de adelantar las elecciones generales

La pregunta, después de la debacle: ¿La renuncia de Susana Díaz como candidata podría permitir encontrar una figura del PSOE o de Ciudadanos capaz de liderar una mayoría que, con la abstención de Podemos, evitara que el futuro gobierno dependa de los votos de Vox? Si realmente se quiere parar los pies a la extrema derecha busquemos soluciones concretas y no sólo afirmaciones de principio sobre la lucha antifascista.

El PP necesita la presidencia de la Junta para poder vender como un éxito lo que ha sido un fracaso: no ha conseguido distanciar a Ciudadanos, al tiempo que ha visto cómo se consolidaba una tercera fuerza en el ámbito de la derecha que desde su radicalismo le dará mucha guerra. Y Vox no ha sacado uno o dos diputados si no doce, con lo cual tienen fuerza para imponer condiciones a una investidura que sin su voto es imposible.

Ciudadanos tiene mayor polivalencia. Puede pactar a un lado y a otro. Y de hecho ya apoyó al PSOE en la legislatura anterior. Ahora se verá hasta dónde es capaz de llegar con Vox. ¿Qué queda del liberalismo del que un día hizo bandera?

Dice el candidato del PP Juanma Moreno: “Ellos pactan con los Batasunos, a ver si yo no puedo hacerlo con el partido de Ortega Lara”. La irresponsabilidad de la derecha española es infinita. Da miedo y pena a la vez. Con este personal habrá que afrontar uno de los momentos más delicados de la historia reciente.

Pedro Sánchez ha jugado a aprendiz de brujo y se ha quemado. No osó forzar el cambio de candidata, después de derrotarla en las primarias, cuando sólo una señal poderosa de renovación podía haber limitado el desgaste de lo que en Andalucía era un partido de régimen. Y se desentendió de la campaña, pensando que las pérdidas serían limitadas e irían todas a la cuenta de Susana Díaz. Ahora tiene que asumir que el efecto Moncloa ha sido escaso en uno de los electorados más fieles al partido socialista. La cuesta electoral se empina. Sánchez sigue acumulando motivos para lamentar no haber convocado elecciones justo después de hacerse cargo del gobierno.

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