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"Escribo para perder el miedo a morir"

La novelista diferencia entre dos tipos de escritores, los de mapa, que ya saben de qué van a escribir antes de sentarse; y los de brújula, que no tienen ni idea de a dónde van

Rosa Montero, junto a Macarena Berlín y Fran Pastor en los estudios de la Cadena SER /

Escritora de larga trayectoria novelística, periodística y ensayística y Premio Nacional de las Letras. Macarena Berlín habla con Rosa Montero, cuya obra ha sido traducida a más de 20 idiomas.

Su novela más reciente, Los tiempos del odio, trata temas como el especismo, la supremacía y el cambio climático en la ciudad de Madrid. Habla de las intenciones que tiene esta novela, destacando que no se trata de ningún aviso y que no escribe para enseñar nada, escribe para aprender. "Ni siquiera eliges las novelas, las novelas te eligen a ti, son como sueños que sueñas con los ojos abiertos".

"Tu subconsciente te habla y emergen tus miedos y tus obsesiones". Añade la periodista que sus novelas de Bruna Husky, protagonista de Los tiempos del odio, entre otras, son las más realistas que ha escrito. Cuenta que lo que trata en su obra no habla del futuro, sino del presente, añadiendo que el mundo real es peor que el mundo de su novela. "Corre por el mundo un viento de violencia, de sectarismo y de involución tremendo". Habla del descrédito del sistema democrático que estamos viviendo actualmente y de la deslegitimación del sistema "por su hipocresía, por su corrupción y por su falta de justicia".

Hablamos de los recientes resultados electorales en Andalucía, resultados que a los lectores de Rosa les recordaba al personaje de Janice de su última novela. "Podemos perder logros democráticos que han tardado siglos en conseguirse", añade la escritora.

Rosa habla de la ciencia ficción como un género infravalorado y nos cuenta que algunos de sus lectores eran reacios a leer sus novelas por ello, pero que finalmente, solo por llevar su nombre, las leían y les gustaban. "Es un prejuicio total, se piensan que la ciencia ficción habla de marcianitos con las orejas picudas y no es verdad". Considera que este género te da "una herramienta metafórica maravillosa para hablar de la condición humana".

Habla de dos tipos de escritores: los de mapa, que antes de sentarse a escribir ya saben cómo va a ser la novela; y los de brújula, que se sientan y no tienen ni idea de a dónde van. "Yo soy mixta", dice. Nos cuenta que ella trabaja mucho sus novelas, que se pasa año y medio desarrollando la historia en cuadernitos a mano, "tiene que ser siempre en blanco y con pluma estilográfica". Rosa se considera una escritora muy arquitectónica, dice que sus novelas tienen "una estructura muy fuerte". Sin embargo, cuando se sienta al ordenador a escribir, cambia toda la novela, "viene la parte de la brújula".

Empezó a escribir cuentos muy joven, cuando tenía cinco años. Uno de los temas principales de esos cuentos era el miedo al paso del tiempo. "Escribo para intentar perder el miedo a morir", confiesa. Rosa se considera una persona "especialmente existencialista", por lo que se siente muy identificada con su personaje Bruna Husky, un androide con el tiempo fijado y que no puede olvidarse de que es mortal.

Cuando tenía cinco años tuvo que pasar mucho tiempo sola, con ella misma, debido a la tuberculosis que sufrió hasta cumplir los nueve. Recuerda aquellos años de estar sola, leyendo libros y disfrutando de su propia compañía. "Me gusta la gente, pero me encanta mi soledad", añade. "Creo que no puedes ser libre en tu vida si no aprendes a estar solo".

"Tiene sentido que estés obsesionada con el paso del tiempo y con la muerte porque desde muy pequeña has visto de una manera violenta lo que el tiempo hace, lo que el tiempo te deshace, lo que el tiempo te roba". Rosa confiesa que escribe para intentar luchar con esa especie de monstruo con el que convive.

"La narrativa es un género de madurez". Cuenta que, con sus últimas novelas, ha llegado a su madurez literaria. "Cuando tú piensas una novela primero la ves en tu cabeza como una galaxia preciosa", la cuestión luego es pasarla a la realidad. La escritora ve un gran abismo entre lo difícil que le resultaba antes ese proceso y lo mucho que se parecen ahora sus novelas a esa galaxia que se imagina.

"Los escritores somos unas personas tremendamente inseguras". Habla de los premios como una forma de decirte que lo que estás haciendo no es una estupidez, aunque los considera arbitriarios. "Hasta el premio más puro es arbitriario, porque no hay ninguna ley objetiva que te permita medir cuándo una novela es buena o es mala". En el caso de Rosa Montero, esa inseguridad propia de los escritores puede aparecer en cualquier momento, en mitad del proceso de creación o al finalizar el primer manuscrito.

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