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La historia detrás de la comedia más premiada del año

Amazon estrena la segunda temporada de 'La maravillosa señora Maisel'

VIDEO: BEA POLO / LAURA MARTÍNEZ

Hay series que son más sus creadores que sus protagonistas. El autor se come la cámara. En este caso autora, y se la bebe. Amy Sherman-Palladino (Los Ángeles, 1966) lleva la comedia en la sangre. No conoce otro oficio ni podría mirar al mundo de otra forma. Curtida en la sala de guionistas de 'Roseanne' en los 90, el éxito le llegaría en el año 2000 con 'Las chicas Gilmore'. Cuando nacían los grandes antihéroes masculinos y a pocas guionistas se le ofrecía la oportunidad, ella se empeñó en hablar de mujeres, de conflictos cotidianos, de sororidad, en una comedia amable y emocional a la que ahora se vuelve con nostalgia. "La comedia es la forma en que pago mis sombreros, no tengo otras habilidades, no tengo otra forma de vivir, no hay literalmente ninguna otra cosa que pueda hacer, bueno, sé cocinar pollo, pero no creo que pudiera tan sólo tener un restaurante de pollo. La comedia es todo", cuenta con aspavientos, siempre enérgica y pasional.

Todo lo aprendió en casa. Cuenta la crítica Joy Press en 'Dueñas del show' (Alpha Decay), que no la educaron en la religión, pero mamó desde niña comedia judía. Su madre era bailarina de musicales de Broadway, su padre, Don Sherman, humorista primero y luego guionista y actor de televisión. Se rodeó del mundo del espectáculo de antaño. Allí descubrió a Mel Brooks y sus personajes y quedó prendada por una "comedia rápida, humana, furiosa e hilarante", cuenta el libro. A ello sumó la fascinación por Nueva York, por París y por los años 50. Allí nació, sin saberlo, 'La maravillosa señora Maisel', su producción más premiada.

Crecí con mi padre y muchos otros hombres judíos calvos sentados en nuestro patio mientras fumaban cigarrillos y se hacían reír entre ellos, hablando de Greenwich Village, Catskills o turismo… Yo vivía en el Valle de San Fernando, que era como ‘30 sombras de beige’. Fue maravilloso y muy divertido, para mí era como un recreo lleno de intelectuales y artistas. Era un periodo de apogeo, en los años 50 y 60, al igual que la ropa y los coches… y pensé que era un lugar maravilloso para hacer una serie, sólo por el sentido visual. Y, lo siento papá, también pensé que coger a una mujer y ponerla en esa situación, a alguien que acaba de entrar en el mundo de la comedia, pero no tiene idea de cómo va a funcionar eso, sería un paseo divertido. No creo que yo esté reflejada en la serie, pero mi padre definitivamente fue una inspiración.

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"Ella es más Lorelai Gilmore", le replica Daniel Palladino, su esposo, con el que ha formado un tándem perfecto. Casi 20 años llevan trabajando juntos. Esa idea, de colocar a una mujer en un mundo de hombres, surgió antes del despertar feminista y el #MeToo. "Cuando empezamos a hablar de la serie, la gente pensaba que lo habíamos hecho por el MeToo, pero estábamos un año por delante cuando la creamos, así que simplemente fue algo que pasó a la vez que la primera temporada. Creo que desafortunadamente habrá una versión del MeToo en 20 o 30 años. Esperemos que no. Está mejorando, pero es algo así como el racismo, lleva más tiempo del que todos queremos el lograr cambios duraderos", explican. El movimiento, y los galardones, imprimieron una nueva mirada a la serie. Una mujer que quiere ser la perfecta esposa, madre e hija pero que descubre su talento como monologuista. Un proceso de liberación, un feminismo inconsciente que nace de una convicción: colocar a las mujeres y el humor en el centro de sus ficciones. Lo disfruta en cada escena Rachel Brosnahan, la actriz protagonista:

Para Midge Maisel, la comedia es una salida, una manera de emplear su propia voz y tomar el control sobre su vida, ser el centro de su propia historia y hacerse preguntas sobre el mundo que la rodea... Ella no entiende mucho de su sexo, ella empieza con una pregunta ¿Por qué se da por hecho que las mujeres tienen que ser madres? ¿Por qué se supone que deben hacer la cena? Y ella se pregunta por qué tenemos que fingir que lo sentimos cuando no lo sentimos o por qué tenemos que hacer como que no estamos enfadadas cuando realmente estamos enfadadas... Esto es como una terapia para ella porque tiene más preguntas que respuestas

Deslenguada e inocente, irreverente y tierna, Midge Maisel crece a fuego lento como uno de los mejores personajes televisivos de los últimos años. Los Palladino se gustan con un ritmo frenético, un tono mordaz, numerosos musicales y sus clásicos diálogos endiablados que, en esta segunda entrega, sirven para explotar a unos secundarios de lujo. Rose, la madre a la que da vida Marin Hinkle, emerge en esa liberación. "Midge está explorando el feminismo de una manera muy distinta a la de Rose, porque Rose es una mujer más mayor y ha pasado muchos, muchos años, sintiendo o tratando de sentirse muy orgullosa de sus propias decisiones, así que parte de ella está creciendo en una dirección y parte de ella todavía se aferra a aquello en lo que cree. Es una especie de feminismo, porque ella no va a parar su crecimiento a su mediana edad, pero se pondrá por encima del hombre, en este caso su marido, y se irá a París, pero también se da la vuelta y vuelve".

Midge Maisel (Rachel Brosnahan) y Rose Weissman (Marin Hinkle), en una escena de la segunda temporada / AMAZON PRIME VIDEO

En 'La maravillosa señora Maisel' no hay nada impostado ni pretencioso. Todo fluye con naturalidad, todo encaja. Con un exquisito gusto estético y técnico, el reparto se engrasa con esos intercambios verbales que no dan respiro. Defiende Amy Sherman que esa es la forma en la que realmente habla la gente y no como la solemos escuchar en pantalla. Seguir su ímpetu no es fácil. "Es liberador actuar en el límite y no entre las líneas, es casi como shakesperiano de esta forma. Muchas veces es como el desafío más grande del mundo, especialmente cuando exploramos más profundamente a los personajes, en algunos de los momentos más emocionales o crudos de la serie, es difícil ir tan rápido y tener todo este sentimiento", admite Brosnahan. "Es musical y atonal a la vez, es como si pareciese una canción pop fácil y luego te pones a tocar y es como un jodido canto gregoriano. "-Esto no tiene sentido en mi cabeza, ¿puedo por favor decirlo así? -¡No! -Por favor, es mucho más fácil para mí... -¡No!" Así que muchas veces lo haces con gran facilidad y otras veces puede ser un desafío”, describe entre risas Alex Borstein, la actriz que interpreta a Susie, esa manager por accidente cansada de recoger vasos y escuchar la comedia solo en boca de los hombres.

Las primeras grandes cómicas irrumpieron en EEUU una década después. En los 70. Midge Maisel empieza a dar golpes a ese techo de cristal mucho antes. "Se hace cada año más alto, esto se mueve a un ritmo más lento del que a todos nos gustaría. La televisión ha sido mucho mejor para las mujeres que las películas… pero sí, el techo de cristal está ahí, probablemente vaya a estar ahí mucho tiempo, solo tenemos que atravesarlo", confía Amy Sherman-Palladino. A la guionista que mamó comedia le preocupa más el estado actual del humor, la corrección política y los límites a su libertad:

Creo que ahora hay incluso más límites al humor, estamos entrando en una fase realmente extraña en América, donde todo el mundo es castigado por cada mala broma que hace. Todos están tratando de averiguar dónde está la línea, porque es el tiempo en el que estamos tratando de dar las mismas oportunidades a todo el mundo y de corregir errores y de asegurarnos de que los discursos de odio sean castigados porque están creciendo mucho, y a todos le parece muy difícil localizar el límite y saber cómo se supone que deben tratarse los unos a los otros.

Pero la comedia ha sido siempre la narradora de la verdad, la forma de arte que va al lugar al que se supone que no debes ir, (si escuchamos ahora lo que Lenny Bruce decía en los años 50 suena igual de impactante) y mi única preocupación es que, si haces una mala broma, debería ser sólo una broma, y si no quieres escuchar la comedia de alguien, no tienes que escucharla. Hay algo ahora que están tratando de reprimir y todo el mundo tiene que disculparse por cada broma mala, y es agotador. La comedia es presionar y explorar hasta dónde puedes llegar, y si eso se pierde por miedo, creo que toda la sociedad se va a ver muy perjudicada.

Comprometida, divertida, esa inquieta y extravagante mujer del sombrero disfruta cada palabra, cada escena. Podría ser un personaje de su serie, esa que acumula Globos de Oro y Emmys sin renunciar a nada. 'La maravillosa señora Maisel' es una delicia, un festín. Un paseo amable, fresco e inteligente por la comedia, por la vida.

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