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LA FIRMA DE ÀNGELS BARCELÓ

Se sintió traicionado

Artur Mas es, desde hoy, el nuevo presidente de la Generalitat y deberíamos añadir... por fin. Y no porque lo pensemos nosotros, sino porque seguro que el es lo que habrá pensado este mediodía cuando ha escuchado el resultado de la segunda votación en el Parlament, que le permite, por mayoría simple, convertirse en el nuevo inquilino del Palau de la Generalitat. Y lo habrá pensado porque, a pesar de haber ganado las dos últimas elecciones, nunca fue presidente, no le sirvió de nada.

A Mas le costó entender la legitimidad que da la democracia a la formación de gobiernos entre grupos que no han ganado, siempre se sintió traicionado. Dicen los que lo conocen que durante esta travesía ha ganado en humildad, y esta es quizás la palabra que define su discurso de hoy una vez nombrado presidente, con un especial recuerdo a todos los que le han precedido en el cargo, Montilla incluido.

Y es que la votación de hoy tiene otra lectura histórica. Los socialistas catalanes, con su abstención, han permitido la investidura de Mas, y esto que muchos califican como el inicio de la 'sociovergencia', es un hecho que no debe pasar desapercibido.

Y no pasa desapercibido en Madrid, donde hoy se el PSOE se felicita por el ataque de responsabilidad del PSC, y lo hace, sobre todo, pensando en lo importante que puede ser el apoyo de Convergéncia, en Madrid, de aquí a final de legislatura.

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