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OBITUARIOMuere el fiscal general del Estado, José Manuel Maza


El faro de Patiño

Aquí no hay quien mande

¿Tiene razón de ser el G8? Esta es la cuestión que recorre la prensa occidental. “La competición por el liderazgo mundial es más fuerte que antes de la crisis”, constata un analista europeo en las páginas del International Herald Tribune. En Oriente, apunta su corresponsal en Singapur, "la mayoría de países asiáticos tienen más esperanza en el G20” para el que reclaman un mayor poder consultivo y más transparencia en sus decisiones. El problema, según el mismo analista, es que el G20, aún siendo importante, “aún no puede reemplazar al G8 como impulsor de ideas en el mundo”. En este sentido, Pierre Rousselin firma un editorial en Le Figaro, en el que viene a decir que sólo con el respaldo dado a la revoluciones en el mundo árabe está justificada la reciente cumbre de Deauville. Philip Stephens del Financial Times ve otras dificultades en el “liderazgo de nuestro agitado planeta”. “Ya se trate de la tecnología, los mercados financieros, el descontento popular o la conmoción geopolítica global todo va con la tecla de avance rápido” y se pregunta en consecuencia si el G8 tiene la agilidad necesaria para dar respuestas a este mundo acelerado. “Cuando vimos esta seman a Obama y Cameron en conferencia de prensa –ironiza Stephens-, parecía como si estuvieran mirando de reojo por encima del hombro para verificar en cada momento lo que se les viene encima”. “Slow” revolución Tras la “primavera árabe” se puede deducir que esa celeridad, al menos en lo que respecta al descontento popular, se debe a las nuevas tecnologías de la comunicación. Sin embargo, “es una cuestión de adrenalina” nos aclara un artículo del Guardian titulado “Los límites de la revolución twiter”. Su autora Anne Nelson sostiene que las redes sociales pueden contribuir a “las confrontaciones políticas cuando sube la adrenalina como consecuencia de una urgencia. Sin ella, el activismo “on line” baja muy rápido”. La excepción que confirma esta regla, según Francis Pisani - un bloguero de Le Monde- es el movimiento de indignados en España, donde se impone una visión más medioambiental –el malestar se va aglutinando poco a poco en las redes sociales- que instrumental –el malestar utiliza las redes para desbordar-. La fascinación por la protesta española es palpable en la prensa internacional. En Liberation, Bernard Guetta ve en la Puerta del Sol el síntoma de que “una revolución sorda tiene lugar en Europa” que expresa, aunque de manera confusa, que “el liberalismo, no funciona”. Sexo como incentivo laboral Si el caso Strauss-Kahn ha abierto serios interrogantes sobre la misoginia reinante en la clase política francesa –un manifiesto difundido por colectivos feministas ha sido firmado por la mismísima Carla Bruni-, en Alemania se cuestiona la utilización del sexo pagado como incentivo laboral. La prostitución es legal desde 2001, pero el debate se centra en “si este tipo de incentivos están en consonancia con los valores morales occidentales”. Der Spiegel recoge las revelaciones de dos prostitutas alemanas que fueron contratadas por una compañía de seguros alemana para una fiesta que tuvo lugar en Budapest como premio a los agentes con mejores resultados. "Se trata de una práctica generalizada -confirma a la revista un trabajador social-aunque no todas las empresas pueden permitírselo". Bruselas sin Brel Jacques Brel ha perdido la voz en el metro de Bruselas. Las disputas lingüísticas entre flamencos y valones han llevado a la sociedad que gestiona los transportes públicos de la capital belga a suprimir todas las canciones en francés y en holandés de la música que ameniza las esperas en sus andenes, asegura la RTBF. A partir de ahora, será sin letra o en inglés. La salomónica decisión atiende a las quejas de algunos usuarios que consideraban que los temas en francés eran mayoritarios y, por tanto, no cumplían con la estricta paridad entre ambas lenguas que se observa, por ejemplo, en el anuncio sonoro de las estaciones. La afrenta a Brel es doble porque, como buen bruselense, cantaba al amor en ambos idiomas.

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