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EUROBASKET DE LITUANIA | EL ANÁLISIS DE PLAZA

Creer en algo o en alguien

Llega la hora de los cruces, de los enfrentamientos directos que marcarán el torneo y no hay que faltar el respeto a Eslovenia

Pau y Marc Gasol intentan evitar la canasta del francés Ali Traore /

Bien, llego la hora de los "Cruces", palabra tabú, que junto a la de los "Cuartos" nos atemorizaba (incluso mentarlas), especialmente hasta finales del siglo pasado, de modo que aunque nuestras competiciones nacionales de varios deportes (futbol, baloncesto, balonmano...), estuvieran reconocidas mundialmente, parecía ser insuficiente como pasar esa criba que empezaba por "C", cuando salíamos de nuestras fronteras, y con frecuencia, solía traernos de vuelta a casa antes de tiempo, y eso daba pie a que a menudo los dirigentes se arremolinaran en la tan denostada ansiedad o falta de experiencia, para justificar nuestra reducida capacidad, para superar esa frontera también psicosomática.

El cambio añorado llegó. Una nueva generación de deportistas -jugadores, entrenadores, dirigentes- (de la que ahora nos preocupa su relevo...), se instaló en el panorama mundial, rompiendo moldes y antiguos estereotipos que nos atenazaban y no permitían sacar a la luz todo nuestro instinto competitivo. Tanto en deportes de equipo (futbol, baloncesto, balonmano, waterpolo, hockey...), como a nivel individual (tenis, automovilismo, ciclismo, motos, atletismo...), empezamos a movernos cerca de los cajones del triunfo, lo que también nos ha llevado a ser injustos, y a menudo, no saber valorar un segundo o tercer lugar, o un diploma olímpico.

Pero, ¿Qué provoca que algunos equipos o jugadores profesionales de diversas modalidades, despierten la pasión en cientos de miles de personas? No quiero hablar de los que escudándose tras una bandera de distintas rivalidades regionales y nacionales, suelen confundir el sentido del deporte, y llegan a inmolarse a sí mismos, defendiendo posturas indefendibles de sus propios equipos, y justificando modos intolerables, y generando una agresividad gratuita. Pregunto sobre aquellos a quienes el deporte de cualquier especialidad, por minoritario que sea, atrapa y seduce, y les crea una adicción sana y positiva.

Como condición humana, me parece que solemos creer en las personas que, en un momento determinado de nuestras vidas, nos demuestran una complicidad, una pasión y un sentimiento que nos atrapa. Creemos (creo) en la gente que más allá de prometernos cosas, o de la dificultad que les rodee, nos hace sentir bien, nos quiere y nos cuida. Personas que nos hacen sonreír, a quienes no hace falta ver cada día, personas que de modo silencioso y a veces lejano, nos estimulan profesional y personalmente, nos hacen mejores y demuestran un cariño del que no queremos prescindir.

Así pues, nuestra fe en los Iniesta, Gasol, Nadal, Alonso o Contador, entre muchos otros, gira alrededor de su profesionalidad y su pasión, de su humildad y ambición, aquella que percibimos en directo o a través de la pantalla, y de la que, junto a su instinto por no salir nunca derrotados y querer competirlo todo, nos sentimos tan orgullosos.

Nuestra selección de BA-LON-CES-TO, llega a su punto culminante, preparada y descansada, ante rivales nada asequibles y de los cuales hemos de esperar que redoblen sus esfuerzos por competir contra nosotros. Que requerirán toda nuestra fortaleza mental (además de la técnica, táctica o física), para superarlos. No hay, y no es una frase hecha, un enemigo pequeño a estas alturas. Eslovenia con Lorbek, Lakovic, Lavrinovic, Begic, Smodis, Dragic..., y Maljkovic en el banquillo, será el primer gran escollo. No los hagamos más grandes, faltándoles al respeto, aunque recientemente les ganáramos amistosos intrascendentes. No pensemos en nada, ni nadie más, que en ellos.

Tenemos pues, argumentos para creer en ellos, para podernos ilusionar sin miedo a la decepción (aún asumiendo la dificultad), siempre que ellos sean los que acostumbran a ser, aquellos que lo dan todo por la victoria. Salud.

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