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Incesto: ¿tabú o inmoralidad?

La prohibición y castigo del incesto en Alemania, amparado por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo, ha reabierto un viejo debate en el país: ¿Es el incesto un tabú, como en su día lo fue el adulterio, o realmente es una inmoralidad?

Este jueves el Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo ha dictaminado que las leyes alemanas no vulneran la convención para la protección de las Libertades Fundamentales del Consejo de Europa al prohibir y penar la práctica del incesto. La sentencia desestima una demanda de un hombre de 36 años que fue condenado a prisión por mantener una relación íntima con su hermana, con la que tuvo cuatro hijos, dos de ellos discapacitados. No se ha violado, dice el juez, el derecho al respeto de la vida privada y familiar del demandante y también condenado.

En Europa, de hecho, no hay un consenso entre los diferentes países sobre si las relaciones entre familiares deben ser castigadas. En Alemania se pena con hasta dos años de cárcel, pero otras potencias como Francia, Países Bajos o Turquía, las permiten. También España, donde el incesto no está tipificado como delito. No existe en nuestro país una legislación específica sobre este tema.

Abierto el debate en Alemania

El veredicto del Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo, que no apoya todo el ámbito científico, ha levantado críticas, especialmente entre los que comparan la prohibición del incesto con, en su día, la penalización de los actos homosexuales o el adulterio.

En la prensa alemana hay también opiniones muy encontradas al respecto. Helmut Kerscher, en el Süddeutsche Zeitung critica duramente esta decisión. Es absurda, lamenta. "A nadie se le debe prohibir procrear", asegura Endrik Wilhelm, abogado defensor del condenado. "Esta sentencia no protege a la familia, sino que daña a una familia en concreto".

Y añade que si se les prohíbe a dos familiares reproducirse por el temor a defectos genéticos, hay otras muchas familias a las que deberían aplicarle la misma prohibición, "como a las mujeres mayores de 40 años o personas con enfermedades hereditarias". El condenado tiene tres meses para recurrir.