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Sociedad

Reportaje:

Hacer cola para comer

Hasta hace poco los asiduos a los centros de ayuda era inmigrantes y refugiados extranjeros, pero cada vez más vienen más griegos y los niños ya no son una excepción

Cada vez más niños sin recursos tienen que esperar largas colas para llevarse algo a la boca

En Atenas sólo hay un centro público dedicado al reparto de ayuda humanitaria. En la verja de entrada al recinto, unos cuantos niños protestan porque se han quedado fuera de uno de los tres repartos de comida diario. A la una, a las tres y a las cinco. Todos los días. Hasta hace poco los que hacían cola eran sobre todo inmigrantes y refugiados, muchos de Afganistán y Pakistán, pero cada vez vienen más griegos y lo de que haya niños, no es una excepción.

"Es realmente traumático estar en la cola esperando para coger un poco de comida. ¿Te imaginas lo que puede ser eso para un niño de 11 años, que el año pasado tenía su propia habitación llena de juguetes, de coches, de juegos electrónicos.... y ahora tiene que esperar para comer?", se pregunta en alto Dimitra Nousi, la directora del centro. "Aún no sabemos las consecuencias que esto va a tener en la sociedad".

Para llegar a su despacho hemos tenido que atravesar las oficinas de la planta baja del edificio, que parecen un almacén: botellas de aceite, paquetes de arroz, bolsas de pañales y cientos de cajas con ropa se acumulan entre las habitaciones y las escaleras. Las peticiones de ayuda no paran de aumentar, ya están repartiendo 1.300 comidas diarias.

Sin embargo Dimitra cree que aún no se ha visto todo: "Lo que más está aumentando, y por desgracia aún no se ha tenido en cuenta por culpa de nuestros tabús sociales, es el número de familias que en la práctica son homeless. No tienen nada, pero aún no viven en la calle porque están en casa de amigos, hermanos o familiares". Para ellos, desde este centro también se gestiona una especie de "supermercado social", que distribuye productos básicos a unas 200 familias. La lista de espera es tan larga que los elegidos sólo pueden aprovechar esa ayuda durante seis meses. Después, les toca otras 200.

Algunos de ellos, nos cuenta, están incluso viviendo sin luz eléctrica. Bajo la presión de Bruselas, el gobierno de Atenas se inventó un impuesto sobre la vivienda que se paga junto a la factura. Si no se paga, se corta la luz. Y muchas veces no se paga. Pese a todas las dificultades, a Dimitra, socióloga con plaza en el ayuntamiento que lleva asignada a este puesto menos de un año, le sobran fuerzas: "No podemos quedarnos sentados, esperando.

Tenemos que hacer algo. Para mí es muy importante sentir que no estamos derrotados. Sencillamente, esta vez no estamos en el lado de los fuertes en la Historia. Cosas que pasan, pero tenemos que vivir con eso".

A un par de manzanas de allí, el mercado centra de Atenas está medio vacío. Hoy es día laboral pero casi no hay clientes. Aún así, los carniceros siguen ofreciendo su mercancía a voces, con la esperanza de que quizá pronto la Historia volverá a poner a Grecia en el lado de los fuertes.

Hacer cola para comer. Reportaje sobre los albergues griegos que reparten comida en 'Hoy por Hoy' (30/04/2012).