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Internacional

Análisis:

Una cita corneliana

La trascendencia de la cita con las urnas en la elección presidencial, no sólo para Francia sino también para el resto de la zona euro, vuelve a situar a los franceses ante "un dilema corneliano"

François Hollande, a la izquierda; y Nicolas Sarkozy, a la derecha, en el comienzo del debate / REUTERS

Una frase hecha de resonancias cultas que aparece una y otra vez cuando alguien debe tomar una decisión que aunque le beneficie acabará también perjudicándole. Acuñada por Voltaire, la expresión hace referencia a Corneille: el dramaturgo del siglo XVII que gustaba de enfrentar a sus héroes a situaciones inextricables donde todo el mundo tenía algo perder a pesar de salir vencedor.

Si gana Hollande...

La victoria anunciada de François Hollande supondría, como él mismo ha destacado en sus últimos mítines de campaña, una alternativa a la política de ajuste y austeridad diseñada por el directorio Merkel-Sarkozy como medio de enfrentarse a la crisis económica. Una esperanza para la Unión Europea que se podría ver truncada si los famosos "mercados" interpretan la victoria de la socialdemocracia como una muestra de debilidad por parte de la sociedad francesa, a pesar de que Hollande ha sido muy claro al señalar que busca el crecimiento para poder continuar con las políticas de saneamiento de las cuentas públicas sin asfixiar la economía. No obstante, el hecho de que Francia se viera atacada especulativamente como lo están siendo Italia y España, la situaría más cerca de los países del Sur que de los del Norte, acelerando y ahondando la división que ya se intuye en la Unión Europea.

Si gana Sarkozy...

En caso de sorpresa, la reelección de Nicolás Sarkozy con una campaña sumamente escorada a la derecha, en la que hecho una clara defensa de la nación frente a la economía globalizada y de las raíces judeocristianas frente a la sociedad multicultural, supondría un repliegue de Francia que podría fortalecer en el corto plazo su recuperación económica y dar la sensación a una parte de la población de recobrar una cierta "grandeur"; pero degradaría la imagen de Francia como referente universal. Volvería a ser una revolución de los "sans-culottes" -tanto Sarkozy como Le Pen se han dirigido al pueblo, a lo que se denomina el "nuevo proletariado"-, pero sería una revolución regresiva.

Para gobernar tras las elecciones legislativas de junio, es más que probable que la derecha "gaullista" tuviera que entenderse con la nueva derecha populista que representa Marine Le Pen y bien se podría dar el caso de una situación a la holandesa -con una fuerza política en el gobierno contraria al euro-, que tanto asusta en Alemania y en el resto del continente.