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España

ANIVERSARIO DEL TERREMOTO DE LORCA

Las heridas de Lorca

Un terremoto es una herida que se abre en el suelo, en la tierra. En una pared, las cicatrices se llaman grietas. Luego están las otras heridas: las del cuerpo y la memoria

Lorca, hora 0, la Cadena SER estuvo allí. Recordamos las imágenes y los sonidos de aquellos trágicos momentos que se vivieron en Lorca, que la Cadena SER narró en directo / Documentación SER

"¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? Llevó un año preguntándome por qué ella...", nos dice Salvador Terrones. Su mujer es una de las nueve víctimas mortales: Toñi cubrió con su propio cuerpo a sus dos hijos, Salva y Sergio, de los cascotes de un edificio que cayó con el segundo terremoto, el de las 18:47. Salvó a los niños, pero a costa de su vida. Su marido, Salvador, la recuerda todos los días. Ha vuelto a su casa hace apenas un mes, una vez concluidas las obras de reparación. "Pero me falta el pilar más importante, mi mujer", cuenta entre lágrimas.

FOTOGALERIA: Zapatero en Lorca

El presidente del Gobierno durante el funeral oficiado este viernes por las víctimas del terremoto de Lorca / REUTERS

En el caso de Inma, siente que ha vuelto a nacer. La cornisa de un edificio se desplomó sobre ella, haciendo que casi perdiera la pierna. Desde aquel día lleva un rosario de operaciones y tratamientos en una pierna cuya movilidad no podrá recuperar. "Un día vas por la calle, te cae una cornisa, y tu vida cambia por completo. Nada es como antes", reflexiona a sus 20 años, una edad a la que, debido al terremoto, ha tenido que renunciar al trabajo, a las oposiciones que preparaba y a sus planes para estudiar en el extranjero. No fue hasta hace unas semanas cuando pudo volver a pasar por la acera donde todo cambió para ella.

Volver. Lo que para Inma es un trauma, para otros es una esperanza. El 11 de mayo Rosa salió de su casa, en el Barrio de San Fernando, "sólo con las llaves en la mano", y no pudo volver. Su edificio aún puede ser derribado, un año después. "Llevaba viviendo aquí 32 años y en un momento te quedas sin nada". En La Viña, Bartolomé sí que ha visto como la pala se llevaba su vivienda, dañada en su estructura por los seísmos. Ahora vive en Murcia, con su esposa, y ella aún no ha podido volver a Lorca. "Tengo mucha ilusión y ánimo para ver cómo podemos levantar eso (su casa) de alguna manera". Como él, los propietarios de las 1.164 viviendas demolidas en los meses siguientes a mayo.

Lo decía la comisionada del Gobierno para los terremotos de Lorca, Inmaculada García: "Las administraciones tenemos que pedir perdón a los lorquinos y lorquinas". Según García, "se podía haber hecho más y mejor". En esa tensión es en la que se ha vivido en Lorca durante este año: entre lo que ha sido y lo que los vecinos esperaban que fuera. "No he tenido ningún apoyo de las autoridades regionales o locales", dice Inma. A día de hoy aún espera alguna llamada interesándose por su estado: "Nadie me ha preguntado cómo estoy".

Los lorquinos nos quieren que se pase página sin que se les reponga los que el terremoto les quitó. "No puede ser -dice indignado Salvador- que no haya aún ninguna grúa levantando las casas derribadas". A Salvador aún le cuesta hablar de aquel día, de la tragedia que le quitó a Toñi, pero ha querido contar su caso por sus vecinos "porque no quiero que se olviden de Lorca". Y lo recuerda con el mismo nudo en el estómago con el que Inma pasa por la acera en la que le cayó la cornisa, con el que Rosa busca las llaves de su casa, o Bartolo mira desolado el solar en el que antes estaba su piso.

Un año después de aquel 11 de mayo, cicatrizan las heridas del suelo y el ladrillo. Las otras heridas, las que nos arrebatan el amor, la juventud o el hogar, ésas, siguen aún muy vivas.