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GIRO DE ITALIA

Stelvio, las dos caras de la última montaña del Giro de Italia

El gigante italiano, que se corona a 2.757 metros, es la baza final de Joaquim Rodríguez para ganar tiempo sobre el canadiense Ryder Hesjedal antes de la decisiva contrarreloj del domingo en Milán

El español Joaquim 'Purito' Rodríguez (Katusha) durante la decimonovena etapa del Giro de Italia, disputada entre Treviso y Alpe di Pampeago, de 198 kilómetros, el viernes, 25 de mayo de 2012. / CADENA SER

JOSÉ MARTÍNEZ 26/05/2012 - 00:01 CET

La vigésima etapa del Giro de Italia, de 219 kilómetros, será la última en línea de esta edición. Y está diseñada para acabar a lo grande. Antes de la subida al Stelvio, el pelotón deberá superar otros cuatro puertos, destacando el terrible Mortirolo en una vertiente hasta ahora inédita

El margen de maniobra es cada vez más estrecho para 'Purito' y sus rivales italianos, magros escaladores que atisban el peligro real de un canadiense que les saca una cabeza pero que no ha mostrado ninguna debilidad en la montaña. Es más, pese a su 1,90 también es el más fuerte subiendo. Ryder Hesjedal se frota las manos pensando en los treinta kilómetros de contrarreloj y sueña con acabar de rosa en Milán, pero le queda la última y definitiva prueba.

El Passo dello Stelvio regresa al Giro de Italia tras siete años de barbecho en el Olimpo. La Marmolada, el Zoncolan, Fauniera, Finestre, Plan de Corones o su vecino Gavia han ocupado su papel protagonista durante este tiempo pero la organización entendió que era su hora. Su vuelta causó tal expectación que la vigésima etapa del Giro se hizo pública dos semanas antes de la presentación oficial del recorrido.

El gigante alpino, el puerto asfaltado más alto de Italia, retorna por la vertiente de Bormio -22,4 kilómetros y una pendiente media del 6,9 por ciento-. Históricamente, el camino sureño, más irregular y ligeramente más corto que la otra cara, ha quedado para los descensos tras coronar el puerto. Cuenta, sin embargo, con un último kilómetro explosivo, con rampas por encima del diez por ciento de desnivel, capaces de ajusticiar a cualquiera de los aspirantes a llevarse la general.

La de este sábado es la décima vez que el pelotón del Giro se enfrentará a las rampas del Stelvio. En otras tres ocasiones, el ascenso se suspendió debido a la nieve amontonada en la cumbre, una estampa que se repetirá este año; dos murallas blancas y entre medias la carretera en su tramo final hacia la línea de meta. Allá arriba, a 2.757 metros de altitud, triunfaron José Manuel Fuente y Paco Galdós en los años setenta, pero el Stelvio se desvirgó con el eterno Fausto Coppi en 1953.

Coppi, Gaul, Hinault o el 'Tarangu' dejaron su impronta legendaria curva a curva, 82 tornantes entre las dos vertientes. Una subida que solo es cortejada por lo más granado del ciclismo. Como el Mortirolo, que, antes de arribar a Bormio y encontrar el arrullo del río Adda, torturará al pelotón por un camino hasta ahora nunca usado, más corto que la vertiente terrorífica de Mazzo di Valtellina, la más famosa y dura del coloso italiano. Se invierten los términos de la recordada etapa de 1994, en la que el Stelvio precedió al Mortirolo. Un espectáculo glorioso que coronó a Marco Pantani como el escalador del futuro el mismo día que Miguel Induráin se hundía en el explosivo Valico di Santa Cristina camino de la meta de Aprica.

Puerto italiano, camino austriaco

Al este, la provincia del Trentino; al oeste, la próspera Lombardía y rozando con los dedos Suiza hacia el norte. Un paisaje boscoso en las faldas de la montaña y nieves perpetuas en una de las cumbres que más orgullo despierta en Italia. El Passo dello Stelvio es hoy una subida enteramente italiana, y así ha sido desde 1919. Una promesa de la Triple Entente -Gran Bretaña, Francia y el Imperio Ruso-, la ocupación del sur del Tirol y el desmoronamiento austrohúngaro cambiaron definitivamente el reparto político de la zona pero no la influencia germánica. La mayoría de la población mantiene el alemán como lengua materna y el italiano ofrece una curiosa variante por la cual las vocales al final de las palabras no se pronuncian. El Stelvio, a caballo entre dos realidades, es para muchos también el Stilfser Joch.

La primera carretera sobre el puerto, ejecutada por orden de Francisco de Austria entre 1820 y 1825, respondía al interés de controlar al vecino sureño al poco tiempo de haberse celebrado el Congreso de Viena, y no fue asfaltada hasta 1938. El Stelvio es una de las zonas de mayor valor ecológico de los Alpes, fue de hecho el primer parque nacional italiano y en la actualidad es el más extenso, haciendo honor a la etimología de la montaña -del latín, "selva"-. Mitad boscoso, mitad nevado, el último puerto del Giro tiene la llave del podio. Y es la puerta de la victoria.

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