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El falso documental, un juego entre la verdad y la ficción

Este subgénero baila entre el cine y la televisión para cuestionar las bases y acontecimientos más afianzados de nuestra realidad

Carteles promocionales de 'Operación Luna', 'Catfish' y 'I'm still here' /

Cine, radio, televisión, Internet... todos los medios parecen útiles para destapar la cara B de la verdad. Los falsos documentales rompen con la objetividad, bien puede ser en forma de vídeos caseros como en 'I'm still here' o en 'Catfish' o de manera más profesional con declaraciones de autoridades como en 'Operación Luna'.

El falso documental o 'mockumentary' es un género cinematográfico que emplea las técnicas convencionales del documental para presentar una historia como si fuera veraz. Con intención de cuestionar, o en ocasiones, parodiar la realidad se crea una historia donde los límites de la ficción y lo real se diluyen. Replantear lo que el espectador asume como cierto desencadena la polémica.

El recién fallecido Neil Armstrong pasó a la historia el 20 de julio de 1969 por ser el primer hombre de la historia en pisar la Luna. El falso documental 'Operación Luna' (2002), dirigido por William Karel, cuestiona la veracidad de la misión de la tripulación del Apollo 11.

El falso documental plantea que el viaje a la Luna fue una farsa ideada por el presidente Nixon. Cuenta que la misión se grabó en platós de televisión con iluminación, maquillaje y escenarios de la película '2001: Una odisea en el espacio' de Stanley Kubrick. El cineasta estadounidense fue el encargado de dirigir todo este descubrimiento de lo que habría detrás de la mítica frase: "Un pequeño paso para el hombre, un gran salto para la humanidad".

Es al final del documental cuando todas las tesis expuestas durante los 50 minutos de la película se revelan falsas. Y es que con la realidad se puede construir un discurso ficticio vestido con un traje de verdad. Solo cabe recordar a Orson Welles y su irrupción en la radio estadounidense el 30 de octubre de 1938 con 'La guerra de los mundos'. Una voz segura y una buena historia le bastó para causar el pánico entre la población. A través de una adaptación radiofónica de la novela de H.G. Welles narró como noticia de última hora la caída de meteoritos al planeta y la posterior invasión extraterrestre. La gente le creyó.

La alteración de la verdad es tan simple como una intervención radiofónica. El falso documental se encuentra a un nivel superior. Su fin último es realizar un ejercicio de análisis que reta al espectador. Su intención es que el público se pregunte por qué cree que es verdad lo que está viendo si resulta increíble.

Esto ocurre en 'Catfish' (2010), dirigido por Henry Joost y Ariel Schulman. Se narra la historia de Nev, un fotógrafo profesional, y su relación con una extraña familia. Todo comienza cuando Nev recibe un lienzo de una de sus fotografías. Los cuadros los pinta Abby, una niña prodigio de 8 años. A través del teléfono y las redes sociales va conociendo al resto de la familia y comienza una relación con Megan, la hermanastra de Abby. Los amigos de Nev y él sospechan que Megan no es totalmente sincera. Deciden ir hasta Michigan donde reside la familia. Pero, las piezas aún no terminan de encajar.

El estreno de este documental creó un gran revuelo en torno a su veracidad. Unos lo consideraban totalmente cierto y otros negaban su certeza. En resumen, quedaban abiertas dos cuestiones, ¿cuánta verdad hay en las redes sociales y, en relación a ello, cuánto hay de verdad en este documental?

La cuestión de cuanta verdad también existe en 'I'm still here' (2010), de Casey Affleck. El actor y músico Joaquin Phoenix, como protagonista del documental, destapa la cara oculta de los famosos más internacionales. Es un falso documental sobre el giro de la vida de Joaquin Phoenix cuando decide dejar la interpretación para dedicarse al hip hop. Imágenes de su infancia, extractos de su aparición en medios de comunicación, su relación con otras estrellas y su degradación física y mental dotan de verosimilitud a la obra.

La audiencia es vulnerable ante estas creaciones. Vulnerable por el desconocimiento de esa cara B. Una demostración de cómo el ojo malo de la cámara puede dar la vuelta a la forma convencional de contar historias. El falso documental desafía al espectador, le convence de que siga su juego y se ríe de él porque diferenciar la verdad de la ficción se vuelve más complicado de lo que pudiera parecer en un principio.

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