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Análisis:

Apple y la 'obsolescencia creativa'

Phill Schiller, vicepresidente de márketing mundial de productos de Apple, habla durante la presentación /

Podría pensarse que la vida de uso de un producto va en función de la calidad del mismo y dado que todo fabricante aspira a ofrecer productos de gran calidad, cualquier producto debería tener, si no una vida ilimitada, si la mayor duración real posible. Pero, como todos sabemos, en realidad, esto apenas sucede ya que los fabricantes, desde las primeras fases de su diseño inicial, planifican y delimitan de antemano cuánto debe durar un producto o servicio. Es lo que ha venido a denominarse la obsolescencia programada u obsolescencia planificada. Huelga decir que, en gran medida, este modelo, nos guste o no, es uno de los motores de la economía de mercado.

Precisamente la estrategia de Apple, orientada a potenciar la obsolescencia programada, es para el economista Paul Krugman una de las causas que explica su éxito y, más importante aún, la razón por la cual el iPhone 5 se convertirá en un importante estímulo para la economía de los EEUU. Según las estimaciones de JP Morgan, el nuevo teléfono inteligente de Apple podría incrementar durante el último trimestre de 2012 entre un cuarto y medio punto porcentual el crecimiento del PIB en los EEUU.

Ciertamente, como bien demuestra su último lanzamiento, Apple se ha convertido en el rey de la obsolescencia planificada. Pero, frente a los modelos que podemos considerar más recurrentes, orientados a diseñar y fabricar productos que se estropean o que dejan de funcionar correctamente pasado cierto tiempo, la obsolescencia planificada de Apple resulta más sutil y sofisticada ya que se basa en ofrecer productos mejores y más innovadores a pesar de que el modelo anterior siga siendo útil y operativo.

Sin embargo, en esta ocasión Apple ha recibido más críticas de lo que suele ser habitual. En este caso se deben principalmente a la incorporación de un nuevo conector de 8 pins llamado Lightning. El cambio, en contra de la tendencia generalizada del resto del sector, ha sido presentado por la compañía de la manzana como una innovación indispensable e inevitable para poder disminuir algunos milímetros el grosor del aparato, lo que implica que todos los usuarios que utilizan accesorios como, por ejemplo, unos altavoces se vean obligados a comprar un adaptador. No parece que fuera una demanda generalizada de los usuarios, pero gran parte de ellos lo percibe como una mejora aunque implique un gasto adicional. Este vertiginoso proceso de sacar productos anualmente con constantes innovaciones esconde también una intencionalidad destinada a imponer estándares de facto. Ya ocurrió con las tarjetas micro-SIM y parece que va a suceder lo mismo con su conector.

¿Se imaginan tener que cambiar de lavadora, lavaplatos o incluso de TV cada año debido a una mejora tecnológica? Lo que para otras industrias sería una temeridad para el mundo de los dispositivos móviles, y más concretamente en el caso de Apple, resulta ser la quinta esencia de su negocio. Entonces, ¿dónde se encuentra la línea roja entre la innovación que aporta mejoras sustanciales y los cambios superfluos orientados a crear la falsa necesidad de cambiar de dispositivo casi anualmente? Como siempre los usuarios tienen la palabra.

Se podría pensar que ante esta situación muchos se rebelarían por tener que desembolsar periódicamente una elevada cantidad. Pero los números son tozudos y nuevamente parecen darle la razón a Apple. Según datos de la propia compañía, durante el primer fin de semana desde el lanzamiento del iPhone 5 se vendieron más de 5 millones de unidades, lo que significa que todas las estimaciones hechas por los analistas con anterioridad han resultado ampliamente superadas. Más aún, según la consultora aytm.com el 87% de los actuales propietarios de algún modelo anterior estarían dispuesto a comprar el nuevo iPhone 5.

Hace más de 70 años otro economista, Joseph Schumpeter popularizó el concepto de "destrucción creativa" para describir el proceso de regeneración de los ciclos económicos, en el que la renovación de los modelos antiguos, gracias a la innovación, era el motor que transformaba a las personas y a las organizaciones favoreciendo el crecimiento económico. No cabe duda de que Apple ha sabido innovar también en las teorías económicas, convirtiéndose en el precursor de la 'obsolescencia creativa'.

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