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Gastro

Chicote for president!

Sin haberse ido del todo, la cocina ha vuelto a la tele por la puerta grande del prime time. La adaptación española de Pesadilla en la cocina, estrenada este jueves y protagonizada por el chef Alberto Chicote, ha logrado un 13,7% del share y casi tres millones de espectadores. Cifras que hacen de Pesadilla ¡el mejor arranque de un programa en la historia La Sexta! Había mucha expectación porque, más allá de los chistes de Arguiñano y del carisma de Robin Food (en ETB), llevábamos mucho tiempo sin saborear una receta de entretenimiento cocinada entre fogones. La memoria gustativa, de hecho, nos retrotrae al granhermanesco 'Esta cocina es un infierno' de Telecinco, con Sergi Arola y Mario Sandoval; y también al concurso de Cuatro 'Todos contra el chef'. Alberto Chicote ha subido el listón. Pero aunque el programa entra fácil (por la vista) y su estrella promete, Pesadilla ha arrancado echando mano de recursos muy fast food que, a la larga, pueden acabar siendo indigestos. Como el original Kitchen Nightmares, que lleva tiempo emitiéndose en España, Pesadilla en la cocina presenta semanalmente un restaurante en crisis, y Chicote (en la versión americana, Gordon Ramsay) acude al rescate. Para intentar salvarlo se vale de truquillos de chef con tablas, críticas por doquier… y momentos de magia a lo Pretty Woman. En el primer capítulo de la Pesadilla española Chicote se planta en Pinto (Madrid) para intentar reflotar La Tana: un local con pretensiones de modernidad en el que, de tan sucio y grasiento que está, el chef se queda “pegado a todo”. Tampoco tarda mucho Chicote en descubrir que la mitad de los platos de la carta no están disponibles, y en rajar de lo que le traen (“esto está helado y el bacalao, seco de cojones”). Pero, hasta ese momento, la decadencia del restaurante aún compite con el llamativo atuendo del chef…

El verdadero drama explota cuando la cámara se mete en la cocina: primeros planos de roña, alimentos en mal estado… Chicote ve la bechamel y pregunta: “¿Qué es esto”. Pero enseguida se corrige: ¿Qué mieeeeerda es esto?”. Los propietarios del negocio, Alfredo y Fátima, aguantan el chaparrón con caras de circunstancias y argumentos defensivos (“no hemos matado a nadie”). Y la cocinera, Claudia, más de lo mismo…

Pero Chicote no se corta un pelo y suelta perlas del tipo: “Esto no es cuestión de pasta, es cuestión de ser un cerdo”, u “os juro que no entiendo cómo no han venido a cerrar el chiringuito”. Y es entonces cuando Twitter se da cuenta de que lo que España necesita es un tío como Chicote

Pero mientras Internet se regodea en la honestidad brutal del cocinero madrileño, los habitantes de La Tana acaban entregándose al riquísimo repertorio castellano de tacos, insultos y groserías: – ¿Qué quiere el señor que te ha devuelto el filete? –pregunta Fátima.   Que le des un beso en el culo – responde su marido. Alfredo, lleno de ira, amenaza con despedir a Claudia. Y la tensión sigue tan in crecendo que los problemas del restaurante empiezan a confundirse con una monumental crisis de pareja. ¡Fast food televisivo! Como si alguien hubiese decidido trasladar el plató de Sálvame a una mugrienta cocina de Pinto, en Pesadilla se habla, durante largo rato, de todo menos de cocina. Pero entonces, cuando parece que todo va a desmoronarse, Chicote propone cocinar  “la mejor hamburguesa del sur de Madrid”, acompañarla de un kétchup “customizado” a base de comino, tabasco, pimienta y curry… y ¡voilà! Todo empieza a cambiar mágicamente. ¡Vaya! Que ni en las películas de Disney. El imprescindible momento lagrimilla llega cuando Chicote apela al rugby (“si has jugado a esto, lo llevas dentro: el esfuerzo, el equipo”) y (¡oh, sorpresa!) la charla hace que Alfredo se venga (muuuuy) arriba. Tanto que Pesadilla acaba impregnando la cocina de La Tana de pseudomachismo y ofreciendo un final digno de Lo Que Necesitas Es Amor. En resumen: cocinero, hay. Pero ¿con eso basta? Yo creo que no.   * Foto: Alberto Chicote (EFE).