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Análisis:FÓRMULA 1

Fernando Alonso: misión imposible en el Gran Premio de Brasil

Me gustaría ser optimista sobre las posibilidades de Alonso de ser campeón pero para llegar a la orilla sin ahogarse hace falta un salvavidas fiable al que aferrarse y ahora mismo lo único a lo que podemos aspirar es a tener suerte en la ruleta de la fortuna de Interlagos. O, para ser más exactos, a que Vettel tenga mala suerte

REUTERS / El español adelanta a Hamilton y Button en las primeras vueltas del GP de la India, en la que Webber ha conseguido una nueva victoria que le afianza como líder del Mundial.

Fernando, que necesita ganar (aunque le podría valer con estar en el pódium) no lo hace desde el 22 de julio en Hockenheim. Y Vettel, que tiene que entrar 5º o más atrás lleva 4 victorias, un segundo puesto y otro tercero (saliendo último) en las últimas 6 carreras. Así de complicada es la misión.

La lluvia puede echar una mano pero, salvo que le caiga un rayo al Red Bull de Vettel en plena carrera, no puede arreglarlo todo. Hamilton, el nuevo amigo, también puede ser un aliado. Pero aparte de estas hipotéticas ayudas es necesario que San Cristóbal y la Virgen de Covadonga se pongan del lado de un asturiano que conduce un coche rojo. Deben alinearse todos los planetas. Y no sólo los del Sistema Solar.

Después de una carrera en la que Alonso ha llegado a 40 segundos de los dos primeros y en la que Massa, con un coche sin mejoras (a las que habrá que rebautizar, en el caso de Ferrari, como "peoras") rodó más rápido que Fernando, cuyo coche involuciona en vez de evolucionar, es difícil alzar la vista y ver el cielo despejado. La evidencia es aplastante. Ferrari ha sido incapaz de alcanzar el nivel de Red Bull y McLaren y aunque una carambola del azar haga campeón a Alonso en Sao Paulo, en Maranello deberán replantearse muchas cosas de cara al futuro.

Conviene no confundir pesimismo con realismo. La situación real, por mucha ilusión que se tenga, es esta. Muchos se sienten como el día previo al sorteo de la lotería. Con la confianza de que les tocará. Y lo aplaudo, pero el encefalograma de los monoplazas rojos ha sido parecido durante todo el año. En Australia (primera carrera) Alonso empezó a 1.2 de Hamilton en la clasificación y en Austin (8 meses después) estaba a casi 1.4 de Vettel en la Q3. Aun así, gracias a la estrategia, la fiabilidad, la actitud del equipo, los condicionantes externos y un piloto que haría competitivo a un tractor ha llegado a la última cita con vida. Demasiado conductor para tan poco coche.

Ojalá me equivoque y el destino devuelva a Fernando la gloria que le arrebató en Abu Dhabi hace dos años, pero es triste no poder depender de uno mismo por pura incapacidad. La escudería más legendaria, con su legión de ingenieros, no ha podido, una vez más, con el incomparable talento de Adrian Newey, el auténtico rey de la F1

Dicho lo cual, nada me haría más feliz que escuchar a todos gritarme el domingo sobre las 18:40: "¿Ves? ¡Te lo dije. Y tú no creías!". Alonso se lo ha ganado a pulso y la justicia no puede darle la espalda tantas veces. El samurái merece una gran recompensa.

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