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20 años del adiós a las líneas eróticas

El más breve y controvertido negocio de Telefónica duró unos meses y causó más de un disgusto en el recibo familiar

Las llamadas "party lines" y las "líneas eróticas" fueron suspendidas el 3 de diciembre de 1992 de un plumazo por la compañía, 24 horas después de saberse que en Benalmádena (Málaga), una empresa había utilizado este servicio para montar una red de prostitución y corrupción de menores.

Finalizaba así un "negocio relámpago" de la compañía por el cual logró, en solo diez meses, 11.295 millones de pesetas. Las líneas, que funcionaban con el prefijo 903, tenían una tarifa de 60 pesetas más IVA por minuto. Por cada enganche Telefónica cobraba 1.300.000 pesetas y había cuotas especiales. En unos meses el furor por llamar a estas "líneas calientes" fue tal que llegaron a anunciarse en los periódicos con sus respectivas "especialidades": desde el sadomasoquismo hasta la zoofilia.

No todo era sexo: Jesús Gil abrió una línea para informar sobre el Atletico de Madrid, Ruiz-Mateos hizo lo propio con el Rayo Vallecano, y el Real Madrid llegó a sortear camisetas a quien llamara a su Sport Line. Otro que se animó fue un conocido periodista del corazón que prometía en su línea: "los cotilleos que nadie te ha contado de los famosos". Cuando las líneas empezaron a echar humo, se registraron arengas racistas o se conocieron los primeros casos de familias en las que el niño había estado llamando horas y horas a un 903, Telefónica echó el cierre y alegó: "La suspensión durará hasta que exista una normativa que clarifique la práctica de estas líneas".

Escucha cómo sonaba un teléfono erótico en 1992.