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Las 'Hipotecas Patera' de la CAM

La Caja de Ahorros del Mediterráneo "estandarizó" la concesión de hipotecas a inmigrantes con escasos recursos. "Todo valía" para conseguir "el sobre"

ACN / Fachada de la sede central de la CAM

La efervescencia de la burbuja inmobiliaria embriagó hasta tal extremo a empresarios, políticos y entidades financieras que cegados por el aroma a negocio, ebrios de dinero, idearon múltiples métodos para disparar los beneficios. No importaba si el camino escogido se apartaba de la ética u orillaba el legal. Como la provocada por el alcohol, la borrachera que causa el dinero desinhibe a quienes lo obtienen en demasía y saca a relucir lo peor de cada uno. El engaño, la estafa y cualquier treta posible si era capaz de mejorar los balances y servía para cumplir objetivos. En los bancos fueron las preferentes, las participativas, las hipotecas subprime y las 'Hipotecas Patera'.

Las 'Hipotecas Patera' era el término empleado con sorna por los empleados de la Caja de Ahorros del Mediterráneo para un tipo de préstamo inmobiliario que "se estandarizó" en la época de bonanza en aquella entidad crediticia.

Pedro es el nombre ficticio de uno de aquellos agentes de la caja con responsabilidad cuya identidad prefiere guardar en el anonimato. Ha relatado a la SER que si un inmigrante "con muy escasos recursos" llegaba a una sucursal y pedía un préstamo para comprar un piso, los agentes le aconsejaban que aportase "cuatro o cinco nombres más" para entre todos, tener la renta suficiente para conceder la hipoteca. "No importaba que fueran de la misma familia" ni que "estuvieran solo en España con un contrato solo de un año". Todos firmaban y se les daba el préstamo.

Ese tipo de hipotecas "casi siempre daban problemas", dice Pedro, porque en muchos casos, era gente "con nóminas bajas, carecían de vinculación en España o bienes" y alguno de los firmantes o incluso todos "regresaban a su país al quedarse sin trabajo y era imposible localizarlos". Pero no importaba. "Si fallaban te quedabas con una casa que a los 15 días ponías de nuevo a la venta y valía más", recuerda Pedro.

"Sobres de hasta 50.000 euros"

Ese era uno de los motivos para conceder hipotecas ajenas a cualquier manual financiero de riesgos. El otro era conseguir "el sobre" por el cumplimiento de objetivos a final de año, que en algunos casos "podía superar los 50.000 euros". Los empleados de la CAM, como los de la mayoría de entidades bancarias, estaban obligados a firmar un determinado número de hipotecas al final del año. "Si no llegabas eras un apestado" y "si te negabas a autorizar operaciones de alto riesgo eras degradado" porque "el resto sí que lo hacía". Si cumplías los objetivos, en Navidad te llegaba "el sobre" con "un buen aguinaldo" y la felicitación de tus superiores.

Hoy Pedro lamenta que "nos subimos al carro del ladrillo y del suelo". "Todo valía" con tal de hacer dinero y recalca que con las hipotecas "los bancos ganaban muchísimo".

"Como perros", concluye otro de aquellos trabajadores de la CAM, "adoramos la mano que nos daba de comer aunque supiéramos que aquel amo nos llevaba a la destrucción".