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Talleres de cocina: ¿el futuro de los congresos gastronómicos?

Muchos de los periodistas y comunicadores asistentes a Madrid Fusión han publicado ya sus opiniones, balances y valoraciones acerca de esta última edición. Han analizado aspectos como la calidad de las ponencias, las aportaciones culinarias de los cocineros invitados, la afluencia de público o la organización de la feria y, en general, el resultado parece indicar que el modelo de congreso gastronómico presenta un acusado desgaste. En esta ocasión no puedo dar una opinión documentada y general de Madrid Fusión, ya que apenas he podido asistir a una minúscula parte de las actividades programadas. Pero sí he vivido, y de forma muy intensa, la novedad más representativa del programa de este año: los talleres magistrales. Un total de 17 master class de los cocineros más representativos del panorama internacional que, en un ambiente íntimo, han mostrado sus habilidades gastronómicas a un reducido grupo de alumnos. Y visto el éxito de esta iniciativa, me atrevo a afirmar que este puede ser el germen de lo que, en un futuro, serán los congresos gastronómicos. Os explico mis argumentos... Por un lado está la inviabilidad de mantener los niveles de vanguardia e innovación en las ponencias, como venía sucediendo en años anteriores. Los cocineros no tienen la misma capacidad de seguir sorprendiendo al público asistente y esto, unido a la coyuntura económica, hace que sea necesario que el contenido académico sea más realista, menos revolucionario. Son muy pocos los cocineros que se pueden permitir marcar tendencia y cada vez menos los que la pueden imitar. El formato de estos talleres permite a los cocineros disponer del tiempo suficiente para explicar y desarrollar recetas y técnicas con todo lujo de detalles. También interactuar con los asistentes, resolviendo todo tipo de dudas, y en algunos casos, ofrecer sus platos para que sean degustados. El resultado es un modelo formativo mucho más educativo y eficaz. Cada vez son más los aficionados, también denominados entusiastas, que de forma amateur tienen un especial interés por asistir a este tipo de eventos. Un público que puede revitalizar el agotado perfil del congresista y que está dispuesto a pagar por el privilegio de disfrutar de una clase de cocina privada con un chef de élite. Mi criterio no se basa sólo en mi posición de observadora sino que lo pude constatar cuando, en 2011 y junto al cocinero Koldo Rodero, organizamos y programamos el Aula de encuentros gastronómicos Reyno Gourmet. Un congreso de carácter nacional abierto tanto a profesionales del sector como a aficionados, que nos dejó claro, tras el éxito de convocatoria, que el comensal también está interesado en acceder a este tipo de contenidos. Pronostico un auge de estos talleres magistrales en las próximas ediciones. Aumentará el número de alumnos no profesionales, que verán satisfecha su curiosidad y admiración por la alta gastronomía, y los restauradores podrán disfrutar de contenidos mucho más prácticos (y menos pirotécnicos) que los que se viven en el auditorio. Esto no deja de ser más que una opinión surgida desde el epicentro de las actividades. Lo viví en primera primera persona y he recogido la experiencia en una serie de vídeos. Un resumen visual. La cocina en su estado más puro.   * Foto: El cocinero Sergi Arola, en el taller 'Las tapas de Arola. Las más imitadas' (Cortesía de Madrid Fusión).