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Gastro

No me vendo

Hace no mucho tiempo decidí escribir un blog relacionado con la gastronomía. Un sitio donde plasmar sucesos, recetas resultonas, opiniones sobre restaurantes que visito... ¡Vamos, un batiburrillo gastronómico! Y sin ningún tipo de pretensiones, todo sea dicho. El caso es que esto me ha llevado, gracias también a algunos contactos, a ser invitada a ciertos eventos relacionados con la comida donde se invita a blogueros gastronómicos. Digo de antemano, que agradezco mucho las invitaciones y que cuenten conmigo para estas cosas. Sobre todo porque, cuando ya has asistido a varios eventos de estos, se conoce todo el mundo y pasas un rato muy agradable. Pero me gustaría aclarar que esos eventos no consisten en comer y beber gratis.

No pagas, eso es cierto. Pero el organizador del evento no te invita de forma altruista, ni porque sea tu amigo, ni porque le caigas especialmente bien. Se espera que el asistente utilice su blog para dar cierta publicidad al evento, local o ruta, lo que toque. Y me parece perfecto que ese sea su objetivo. Yo no tengo ningún problema... siempre y cuando lo que se me ofrece me guste y me parezca bueno. El problema llega cuando no me parece nada del otro mundo y, encima, en algunos casos te den hasta una nota de prensa con un texto preestablecido y las fotos que se supone que tienes que poner en el blog... ¡Me siento coaccionada, la verdad! ¿De verdad resulta creible una crítica que se repite en varios blogs, de la misma manera, con las mismas palabras y con las mismas fotos?

No me gusta mucho esa forma de proceder. Yo siempre pongo mis fotos y escribo el texto, con impresiones propias. No necesito que nadie me diga lo que tengo que decir ni cómo. ¡Ah! Y si algo no me agrada, simplemente lo omito, siguiendo la máxima: si no puedes decir nada agradable, no digas nada. La situación más curiosa se dio cuando se pusieron en contacto conmigo para enviarme un producto a casa para probarlo. Accedí. Llegó, lo cociné, lo probé y saqué alguna foto que subí a Instagram. Pasado el tiempo me llegó un e-mail en el que me preguntaban qué me había parecido el producto, la difusión que había hecho sobre él en redes sociales y si había escrito un post en mi blog. Les contesté que no había hecho referencia a su producto porque no había cumplido con mis expectativas. Sí es cierto cubría un vacío en el mercado, entre dos productos ya existentes. Efectivamente era mejor que uno de ellos pero no mejor que el otro. Así que añadí, con tanta suavidad como pude, que no recomendaría un producto que yo misma no compraría. Y, por supuesto, agradecí que me lo hubiesen enviado. Me imagino que esas personas no volverán a enviarme nada más. Y me parece bien, si lo que buscan es gente que escriba bien del producto sin ningún tipo de objetividad. Yo no soy capaz de hacerlo. No me gusta engañar a la gente y no me gusta venderme.   * Imagen: Getty.