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El faro de Patiño

Astérix y Obélix

En las historias de Uderzo y Goscinny, los dos héroes galos comparten camaradería cinegética al principio, se disputan después por algún motivo y acaban reconciliándose irremediablemente. De la misma manera, Estados Unidos y la Unión Europea mantuvieron una sólida alianza hasta la II Guerra de Irak, se distanciaron en el primer mandato Obama por la resolución de la crisis económica y ahora se buscan frente a lo que Der Spiegel denomina “el vacío de liderazgo” planetario: Estados Unidos no quiere asumirlo concentrado como está en sus múltiples problemas internos y Europa no puede ni económica ni socialmente. El vicepresidente estadounidense, Joe Biden, ha estado en Munich para tantear la que sería la nueva estrategia frente a los nuevos peligros: el cambio climático y los “ciberataques”. Y lo ha hecho esbozando la doctrina que defiende el nuevo jefe del Pentágono, el republicano Chuck Hagel: ”el liderazgo por delegación”, que consiste en dejar el protagonismo a otros como ha sucedido en Libia y ahora en Mali. Mientras François Hollande rentabiliza políticamente sobre el terreno su peculiar “cruzada” contra el integrismo y la amenaza yihadista; en Alemania, el semanario económico Handelblast propugna “los Estados Unidos de Occidente” consistente en una gran zona de libre comercio que “aportaría riqueza y defendería la libertad frente al capitalismo de estado que representa  China”. Desde luego, una  “nueva alianza” parece más necesaria cuando sigue sangrando Siria; el problema israelo-palestino renace y ni a Libia ha vuelto la estabilidad ni en Mali se ha acabado la guerra. Por no hablar del destrozo que la competitividad productiva global está causando en Europa.

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