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Gastro

Gastrosexual (o cómo perder el sentido en nueve pasos y medio)

caracoles499 Dice la Fundeu que 'gastro' es un prefijo compositivo válido para crear otras palabras a partir de nombres comunes. Y qué más común que el sexo, por presencia o ausencia. Si esto se une a la idea de que el 90% de las personas que invitan a cenar cuando realmente lo que quieren es sexo, pues tenemos la composición perfecta: gastrosexual. Este adjetivo es idóneo para acompañar cualquier ingrediente, plato, gesto o acción que involucre a las dos palabras. Lo primero que se le podría ocurrir a cualquiera es hacer un revival casero de Nueve semanas y media, una película en la que la miel era el ingrediente gastrosexual. Pero como no es apto para muchos que no quieran despertar adheridos al otro cuerpo, a la sábanas y al propio colchón, probablemente se recurra a otro socorrido ingrediente: la nata. El problema es que la mayoría tenderán a aplicar esa nata industrial en espray y es entonces cuando el adjetivo puede perder su parte 'gastro'. También es probable que se pierda al intentar festejar el sexo como lo hacía Rocco Sifredi en Nunca digas no a Rocco,  pues introducir un licor precioso como el champán por un orificio en el que no existen papilas gustativas, además de una pena puede resultar altamente peligroso. La precaución también se debe poner al máximo si lo que se intenta es reproducir el desayuno de El imperio de los sentidos y es que pasar un huevo duro por conductos íntimos necesita como mínimo entrenamiento. Así que aquí van las recomendaciones gastrosexuales para perder el sentido en nueve pasos y medio:

  1. Utiliza la cantidad justa de miel pura de abeja (artesana) para rellenar un ombligo.
  2. Busca nata ecológica y natural. Mézclala con un poco de azúcar y aplica solo una nube pequeña, diminuta, pero sugerente, en un pezón.
  3. Nada de sacar los cubitos de hielo del gin-tonic para deslizarlo por el cuerpo. Nueve de cada 10 personas se queda aterida de frío. Como mucho, una gotita de agua en la parte trasera de la oreja.
  4. Sigue con los ojos las burbujas del champán y deja que sus aromas de levaduras, de bollo, de pan recién hecho, de fruta, de flores o de frutos secos se cuelen por tu nariz hasta esa parte del cerebro donde se encuentra la sensualidad de la imaginación.
  5. Comparte el placer de pasar uno de tus dedos por chocolate fundido...
  6. ... y el de jugar con una fresa (no fresón) haciendo que aparezca y desaparezca entre los labios.
  7. Mece la mirada en el color de una ensalada.
  8. Siente en la boca el crujiente.
  9. Despacio.

El paso 'nueve y medio' consiste en olvidarse del huevo duro pero no del desayuno. Es el mejor momento para sentir en el cielo de la boca unos esponjosos huevos revueltos hechos al baño maría, con un poco de mantequilla y un toque de pimienta negra. Y luego, por qué no, volver a empezar...   * Imagen: Getty.