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Gastro

Última cena en Casa Marcelo

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Cuando a principios de febrero el chef Marcelo Tejedor anunció el cierre de su restaurante para finales de mes, el teléfono de reservas comenzó a sonar como loco. Iván Domínguez, el segundo de Marcelo, se reía. “Es irónico ¿no?”, pensaba Iván. Yo lo interpreto más bien como un homenaje colectivo: más que el morbo del final, en mucha de la gente que pasó estas semanas por Casa Marcelo (y conozco a algunos) se trataba de repetir una experiencia que les había hecho felices. Aquí había sido la primera cena íntima; aquí se había celebrado un trabajo o un ascenso; aquí se agasajó al amigo que te hizo un gran favor, o se compartió la alegría de una noche que nadie podía preveer, media hora antes, de vinos casuales por la calle del Franco. Es como cuando escribes un libro: no sabes ni cuándo ni cómo un lector se ha unido a ti. En Casa Marcelo ocurre algo parecido con los comensales. Se convierten en fieles, muchas veces sin saber que lo son, al estilo gallego: fieles cada tres o cuatro años. Lo justo. Pero con Marcelo presente en cada debate gastronómico, también. Esta semana estaban allí, rompiendo esos ciclos. La última semana, con el restaurante a rebosar, los servicios largos y llenos de amigos, el menú fue cualquier cosa menos melancólico. Es cierto que en el Fórum Gastronómico de Girona Marcelo Tejedor recuperó para 13 comensales (incluidos Gastón Acurio o Joan Roca) algunos clásicos, pero en la rúa Hortas, la recoleta calle a los pies de la catedral donde está el restaurante, la noche y la gastronomía siguieron caminando con recetas de 2012 y 2013. Aquí no pasa nada: el que quiera nostalgia, que se vaya a pasear por los soportales de la Rúa do Vilar hasta la Porta da Mámoa. “Entre la lluvia y las estrellas, nos quedamos con la lluvia”, reza un video con el que Casa Marcelo se despide; la estrella Michelin la devolvieron oficialmente hace casi un mes en Madrid, para evitar perderla. Es echarle pelotas. A mi última cena en Casa Marcelo, tres días antes del cierre definitivo, llevamos a un buen amigo. Era la primera vez que experimentaba con la cocina contemporánea. Llegado un punto, frente a la paletilla (la única carne de ese menú degustación que ha hecho singular este restaurante), mi amigo entrechocó los cubiertos por puro placer y yo supe que estaba disfrutando de lo lindo. Sentía nostalgia de lo ya vivido. “Qué lástima que haya llegado tarde a esto”, dijo él. Él mismo se dio cuenta del estilo, de la coherencia del restaurante: el minimalismo, el rigor técnico y la destreza al servicio del producto. Cada plato es, como mucho, una terna de productos, pero en realidad consiste en un sofisticado ejercicio culinario para preservar sabores por encima de cocciones, asados, vaporizaciones y cualquier otra técnica. Por alcanzar la pureza sin alterar el estado original. Marcelo Tejedor, Iván Domínguez y el resto del equipo se encaminan hacia el territorio impreciso de la informalidad y la reducción de costes. Este equipo de élite jugará en una nueva división de forma muy consciente. Por ahora, el impredecible Tejedor apunta a la fusión tabernaria japo-gallega, que siempre le ha tirado mucho, pero veremos aún el futuro lo que cuenta. A nosotros, mientras, nos deja la nostalgia de lo bien vivido y de lo felices que fuimos sobre esos manteles de lino. Este fue el menú de la última semana en Casa Marcelo... 1_xilda500 2_capuccino_de_chiribias500 3_cabracho 4_ovo_con_centolo500 5_lubina500 6_paletilla5007_lamprea500 8_aguacate_platano500 * Fotografías: Soledad Felloza.