CRÓNICA | FESTIVAL SONORAMA

Sonorama 2013: buena música con sabor a vino

El popular festival de Aranda de Duero vuelve a ser un éxito en su 16ª edición

El festival Sonorama se cierra tras la actuación de unos cuarenta grupos que han interpretado música con las últimas tendencias del pop-rock /

Todo pasa rápido y, sin embargo, son tres días que parecen tres años. En la memoria de los que han pasado por esta edición del Sonorama, queda la Plaza del Trigo saltando al unísono con la actuación sorpresa de Supersubmarina, la chulería y fuerza de Loquillo, por el que no pasan los años, la gorra del cantante de Travis, que afortunadamente fue sustituida por un sombrero, la camisa abierta de Noni, de Lori Meyers, diciendo una y otra vez que "todo esto es culpa de la gente" y el público aclamando a Izal para que el año que viene estén en el "escenario principal". Y la manguera de Antonio, claro, sin la que muchos habrían podido desfallecer (o fallecer) en los conciertos de día.

A diferencia de otros festivales, el camping del Sonorama está lleno de árboles y hay mucha sombra, pero aun así hay que ponerse pronto en marcha. A las 12 comienzan los primeros conciertos del día en los dos escenarios que están en el centro del pueblo. De la plaza del Trigo a la de la Sal, y de la de la Sal a la del Trigo, se van sucediendo los conciertos y ocurren milagros como el de Vetusta Morla hace unos años y que este año se ha repetido con Izal: la plaza llena hasta reventar cantando todas las canciones. También hay descubrimientos como el rock&roll de Los Zigarros o de Jack Knife y hasta sorpresas: los jienenses Supersubmarina improvisaron allí un concierto un día antes de su actuación en el escenario principal. La plaza del Trigo se vino abajo con sus versiones de Mando Diao, Franz Ferdinand o Iván Ferreiro. El calor a esas horas era asfixiante pero la manguera de los municipales desde un balcón y las múltiples pistolas de agua hacían que todo fuera más llevadero.

Así, sin darte ni cuenta, te plantas en las cuatro de la tarde y sin haber comido. Para los presupuestos más holgados, el cordero es un imprescindible de este festival. No das dos pasos por Aranda de Duero sin encontrar un asador... y una bodega. Los que no se querían gastar mucho, podían ir el sábado a algunas de ellas donde se servía un pequeño aperitivo gratis a los asistentes del festival. Aranda es vino y cordero y, durante estos días, también música.

A la hora de la siesta no se relaja mucho la cosa. La charanga recorre las calles y los djs de música electrónica hacen de la piscina una fiesta. No es fácil encontrar un lugar tranquilo si se quieren coger fuerzas para la noche.

Y quien dice noche dice tarde porque los conciertos en el recinto del festival comienzan antes de las ocho de la tarde. Aquí ya hablamos de palabras mayores así que vayamos día por día. El jueves le tocó a Jaime Urrutia ir congregando a las masas. Mientras, tocaban 84 en el escenario de "futuras estrellas", un espacio que, a pesar de tener el propósito de dar a conocer nuevos grupos, lo tiene siempre difícil el competir en hora con los artistas de los escenarios principales. Sin duda el escenario de las futuras estrellas está por la mañana, en las plazas del pueblo.

El jueves también fue la noche de Belle&Sebastian, el clásico internacional de los festivales que siempre son capaces de contagiar energía con sus violines. Con Mucho, el público se fue animando y con Loquillo y su rock&roll actitud se desataron los ánimos. Dejó para el final del concierto todos sus grandes éxitos y de repente el Sonorama se convirtió en la plaza de cualquier pueblo en fiestas.

El viernes había que estar pronto también para ver a Jero Romero, ex Sunday Drivers, que hace de un escenario enorme una miniatmósfera de buen rollo con sus músicos que es imposible que no se contagie abajo. Hasta el mismísimo Fran Healy, el cantante de Travis, comentó su actuación al salir y se declaraba fan. Eso sí, nadie le dijo al cantante de Travis hasta la tercera o cuarta canción que se quitara esa gorra de los NY Yankees, que no quedaba muy elegante. Cuando se puso un sombrero ya sí, ya era el cantante de Travis, un escocés muy simpático que estaba encantado de estar en España y que no paró de moverse por el escenario mientras el público apenas fue capaz de cantar un par de canciones, las más conocidas del grupo que, aunque se dio un parón para la paternidad, se formó en los 90 y cuenta con seis discos a sus espaldas más un séptimo que se publica este mes de agosto.

El festival Sonorama se cierra tras la actuación de unos cuarenta grupos que han interpretado música con las últimas tendencias del pop-rock / EFE

Delafé y las flores azules dedicó su concierto casi por completo a sus últimos discos y dieron buena cuenta de sus dotes de baile. Lori Meyers, en cambio, no tenían muchas ganas de baile. Su último disco no es la alegría de la huerta, por eso los mejores momentos de su actuación los dieron canciones como Luces de Neón, Mi realidad y Alta fidelidad. Tres clásicos, tan clásicos como que Noni, el cantante, se descamise al final del concierto. O como que el cantante de Miss Caffeina salga con los ojos pintados como una máscara. Desde el primer minuto, los cafeína conectaron con sus seguidores -cada vez lo son más- y no bajaron de intensidad en todo el concierto. Dorian cerraron las actuaciones de la noche con su directo plano pero bailable y saltable.

Y llegó el último día. La última noche. Las fuerzas empiezan a escasear pero el calimocho con vino de Ribera del Duero que se vende en el recinto siempre ayuda a que la noche sea más llevadera. Xoel López salió todavía de día al escenario para traer un pedacito de Latinoamérica y de Galicia. Tras Pony Bravo, Standstill y The New Raemon & Maga, llegó la actuación de la noche y, para muchos, del festival: la de Supersubmarina. Por segunda vez, volvían a hacer saltar a todo el público y agradecían al festival su ayuda en ediciones anteriores cuando no eran tan conocidos. Después fue el turno de L. A. que, recién llegados a Aranda -hacía una hora que estaban allí- también demostraron que son una de las bandas del momento.

Tres días, que parecen tres años, de todas las cosas que has hecho, todos los conciertos que has visto, toda la gente que has conocido, todos los vinos que te has tomado. No olvidemos que la media de edad de este festival ronda los 30 años. La vuelta del domingo se hace dura. Eso sí, vuelves en el coche cruzando los dedos para que haya edición número 17 el año que viene y recordando cada detalle, todavía con un regusto de vino de Ribera del Duero en la boca.

El festival independiente del verano: Sonorama

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