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Tinta de calamar

Typical Spanish

????????? Hace unas semanas se publicaban, casi simultáneamente, dos interesantes artículos que hablaban sobre la gastronomía española por y para extranjeros. Uno, de cómo nuestros platos han viajado a otros países y de cuánto se han pervertido por el camino. El otro, un curioso experimento de simulación que analizaba los sabotajes que algunos restaurantes nacionales perpetran contra la cocina española. "Atrocidades en Londres bajo el nombre de comida española" relata con crudeza las fechorías a la que es sometida nuestra cultura culinaria en Reino Unido. El plato peor parado, el más prostituido y vejado públicamente es la paella. Un concepto tridimensional donde entra todo y que ha sido capaz de dar la vuelta al mundo. Ilustrado con arroz tres delicias, convertido en portátil en su versión sándwich, e incluso siendo el ingrediente principal de una pizza, la promiscuidad de esta típica y valenciana elaboración deja clara la distorsión que de nosotros tiene el resto del planeta. O lo mal que transmitimos nuestro patrimonio culinario… El segundo artículo podría insinuar parte del problema. Un ocurrente blogger decidió que la mejor forma de saber qué es lo qué come un turista que visita Barcelona, era haciéndose pasar por uno. Se curró un estilismo apropiado y, con acento yankee, se dejó caer por un restaurante de Las Ramblas. Sangría, tapas, paella… Todos los tópicos posibles en un menú de tan sólo 9,95€ (bebida aparte). Resulta muy esclarecedor que la paella que ofrecían, guarde un parecido tan significativo con los imanes que de ese plato se venden en las tiendas de souvenirs. ¿Podemos indignarnos porque en otros países a cualquier arroz amarillo le llamen paella? ¿Podemos cuando lo que han comido aquí, en muchos de los casos, era una bazofia similar? Las recetas cuando viajan sufren mutilaciones, fruto algunas veces de la carencia del producto original, pero si tratan de imitar lo que a los turistas les han contado que es nuestro patrimonio culinario, el retrato que nos devuelven desde Reino Unido, no me parece tan desafortunado. Nuestra gastronomía ha podido viajar gracias a que los formatos son flexibles vistos desde la óptica de un observador objetivo. ¿Qué es una tapa? Y si el turista el curioso y quiere saber la diferencia con un pincho, ¿qué le decimos? Si todos estos puntos no quedaron claros cuando en su día se expuso el debate “Pinchos Vs. Tapas” en un congreso con especialistas gastronómicos, difícil será darle al visitante pautas claras sobre la idea que ha de formarse. Además el turista no tiene una idea clara de la diversidad gastronómica de nuestro país, desconoce dónde está el límite donde el gazpacho deja de ser un plato típico, para que lo sea el lechazo. En su mente los platos repetidos como un mantra; paella, sangría y tapas. Los pedirán allá donde vayan, y el hostelero que esté ágil, atenderá esa demanda. La idea de regular y preservar la identidad de nuestra gastronomía tampoco es fácil de llevar a cabo. Desde las oficinas de turismo y asociaciones de hostelería no pueden favorecer con sus recomendaciones a los locales que mejor interpretan las recetas tradicionales. La idea de un sello de calidad avalado por un organismo privado, tampoco es una idea sostenible. Las guías cada vez se consultan menos y las páginas de opiniones de Internet tienden a posicionar lo más popular. Otra forma de solucionar el problema desde fuera, sería con una idea similar a la llevaba a cabo por el estado mexicano de Jalisco, que ha instalado ya en Texas el primero de los ocho consulados gastronómicos que tiene previsto abrir en diferentes partes del mundo. Un proyecto que pretende, entre otros objetivos, promover y proteger la gastronomía jalisciense. Demasiado pretencioso en los tiempos que corren. Aun si nos preocupamos por que no haya locales fraudulentos donde se aprovechen de los turistas, incluso si logramos transmitir la pluralidad de nuestro carisma culinario, ¿no deberíamos además enfocarnos a vender producto? El formato de las tapas puede llevarse a cabo en cualquier lugar del mundo, solo hay que adaptar los ingredientes. Por eso el objetivo ha de ser dar con las fórmulas que permitan exportar producto gracias a la demanda creada por la moda por la cocina española. Junto con el formato han de viajar los ingredientes. ¿Y si España exportase alguno de sus quesos, como exporta Italia el parmesano? Sería fantástico, o ¿no?     * Imagen: Getty.

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