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Tinta de calamar

ADN Roca

Los hermanos Roca La primera de las normas que mi amigo Ferran Fisas (ideólogo y creador de Somos Capital, junto a Francis Paniego) tiene para conseguir el éxito personal y empresarial, es una frase que se ha convertido en un proverbio para mí: "Actúa siempre como si tu madre te estuviera observando". Una pauta vital que, además de servirme de meta personal, utilizo como calibre para medir la naturaleza del prójimo. Y no falla. A mayor talla humana del personaje, más profunda, respetuosa, fraternal y cómplice es la relación con sus padres. Hace unos días, compartiendo una jornada de trabajo con los hermanos Roca en el Celler, esta frase resonaba una y otra vez en mi cabeza. Conocer a alguien a través de la relación con su familia puede ser un experiencia gratamente reveladora, además de intensamente nutritiva. Todavía me impacta recordar alguna de las escenas vividas, momentos cotidianos que no hubieran tenido mayor trascendencia, porque es su forma natural de comportarse, de no haberlos estado observando en primera persona. Y de pronto, cuando descubres que eres parte de una escena tan grandiosa y sencilla, te abruma la emoción de haber descubierto la secuencia del genoma Roca. Un ADN que fluye en cada uno de los miembros de un clan formado por un gran equipo de cocineros y camareros, lo que imprime a la palabra familia un matiz profundo y tribal. La Montse y sus tres hijosConocer a Montse o, mejor dicho, cómo conocí a la matriarca de los Roca, fue una de las secuencias más emotivas de un día muy intenso que apenas comenzaba. Acompañada de Jordi nos acercamos a comer, junto a todo el equipo del Celler, a Can Roca. Allí, incombustible, la madre de los mejores cocineros del mundo prepara cada día platos de la cocina de siempre para un sencillo pero impecable y sabroso menú de 10 euros. Mientras ella me cuenta cómo su cocina fue creciendo, indicándome hasta qué columna llegaba anteriormente la antigua cocina, sucede la magia. Nosotras charlamos pero, mientras, Jordi, que me la acaba de presentar, le acaricia distraídamente la mano a su madre. Es un gesto espontáneo, lleno de ternura. Sigo escuchando a Montse pero mis ojos observan las manos de madre e hijo entrelazadas, rozándose delicadamente... Su demostración de cariño es totalmente genuina y les nace de una fuerza totalmente inconsciente. No puedo dejar de mirarles y es entonces cuando la escena llega a su máxima intensidad: Jordi besa la mano de su madre. Sin pudor, de verdad, desde la admiración. Sólo amor. Estoy segura de que Jordi ni recuerda, ni fue consciente de esa escena, pero se ha convertido en mi recuerdo fetiche del Celler Can Roca. Porqué más allá de lo gastronómico, la esencia que transmiten los hermanos Roca, son valores. Esfuerzo, generosidad, orígenes, responsabilidad, lealtad, constancia... Terminado el día, ya entrando en la madrugada, Joan me regala otro tierno momento hablando de su hermano pequeño. Desde una perspectiva que se mueve entre la admiración de un padre y la complicidad de un hermano, describe la aportación dulce del benjamín de la casa, no desde parámetros gastronómicos, sino desde sus valores humanos. Jordi es una chispa en los ojos de Joan, una sonrisa de satisfacción en su boca, y confianza a través de sus gestos. Y sin pretenderlo, vuelven a desbordarme con sus incontables gestos de cariño. Pienso entonces dónde encaja Josep Roca en todo esto. A él lo percibo más elevado, su extrema sensibilidad le coloca en un plano diferente, más espiritual. Vela por su clan desde dentro de una de las arquitecturas rituales más antiguas de la historia, una cueva donde el manantial de la divinidad son los mejores vinos del tierra. Pitu es el chamán, la profundidad, la expansión disciplinar. Y desde la serenidad y la soledad de su templo, es el encargado de llevar a cabo el ritual que cada día demuestra la grandeza del Celler Can Roca. Ha pasado una semana y no puedo dejar de pensar en ello. Ocurrieron cosas muy interesantes e intensas ese día, pero por encima de sabores, olores y texturas, mi recuerdo más intenso son las emociones que me provocaron esos momentos. Gracias a Joan, Josep y Jordi, porque junto a Nacho y Hernán, le habéis dado una nueva dimensión a la palabra familia.   * Imágenes: cortesía de El Celler de Can Roca.

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