¿No tienes cuenta?

Regístrate

¿Ya eres usuario?

Entra en tu cuenta

O conéctate con

Susbríbete a nuestra newsletter
Tinta de calamar

Fobia

Fobia Para la mayoría de los que nos gusta la gastronomía, la cocina es un ejercicio de búsqueda del placer y satisfacción de la curiosidad. Puede haber alimentos o elaboraciones que nos gusten más o menos pero, en general, nuestro nivel de tolerancia es alto y diverso. Es posible, por supuesto, que tengamos algún punto flaco. No todo nos puede gustar con la misma intensidad. De hecho, en una sociedad en la que las necesidades nutricionales básicas están cubiertas, tendemos a escoger lo que más nos gusta, relegando al ostracismo algunos ingredientes. Conviene, antes de meternos en harina, diferenciar tres términos que pueden crear alguna confusión ya que las sutiles diferencias hacen que, semánticamente, se haga un uso indiscriminado de ellas. Copio aquí las definiciones del Diccionario de la RAE: Fobia: 1. f. Aversión obsesiva a alguien o a algo. 2. f. Temor irracional compulsivo. Manía: 2. f. Extravagancia, preocupación caprichosa por un tema o cosa determinada. 3. f. Afecto o deseo desordenado. Tabú: 1. m. Condición de las personas, instituciones y cosas a las que no es lícito censurar o mencionar. También me gusta cómo define tabú la Wikipedia:  "Conducta, actividad o costumbre prohibida, moralmente inaceptable por una sociedad, grupo humano o religión. Prohibición de algo natural, de contenido religioso, económico, político, social o cultural por una razón no justificada basada en prejuicios infundados". Una de las fobias que más me ha impactado es la de una chica que, según me contó con cierta angustia, era incapaz de comer alimentos de color blanco, verde o rojo. Nunca había oído una excentricidad así. Me costaba entender esa selección tan poco gustativa pero, sobre todo, una reacción corporal tan radical como el vómito inmediato y descontrolado. Una forma un tanto traumática de vivir, si tenemos en cuenta la importante criba que supone eliminar la comida de esos tres colores. Nadie había dado con la causa de tan desconcertante desorden pero, según me contaba, parece ser que en alguna de las innumerables pruebas a las que se sometió aparecía algún parámetro de autismo, y eso que se trataba de alguien con un perfil intelectual y profesional alto. Dispuesta a profundizar en la materia me he encontrado con la frustración de no encontrar sobre el tema más que referencias a la alimentación infantil, donde se describen básicamente la fobia a los alimentos nuevos (neofobia) y el miedo a tragar (fagofobia). A pesar de que muchas de las fobias se desarrollan en esa etapa y pueden acompañar al sujeto toda la vida, sólo logré encontrar más información en este vídeo, que hace alusión a ciertas fobias basadas en intoxicaciones alimentarias que crean el cerebro una reacción básica de defensa biológica. A veces la asociación puede ser tan caprichosa que, como en mi caso, tan sólo con imaginar la ensalada americana de col, aparecen irrefrenables nauseas. ¿El motivo? Fue lo último que comí antes de que la mononucleosis se me manifestara con vómitos que duraron varias semanas, de que una contractura general en la espalda me tuviera en cama dos meses. Para conocer de primera mano qué otras fobias padece la gente, publiqué una cuestación a través de Fabebook y, gracias a ello, he recopilado infinidad de testimonios que revelan que este tipo de fobias singulares son un verdadero problema para quienes las padecen. Una de las más recurrentes y sorprendentes, porque se trata de un ingrediente muy habitual, es la fobia a las aceitunas. Muchos han revelado un asco tremendo a las olivas, hasta el punto de tener levantarse de la mesa, si las ven. Ni comentamos el hecho de probarlas: ¡arcadas aseguradas! Es posible que esta fobia, al igual que la de los huesos (hay quien no come nada que tenga hueso: melocotones, cerezas, aceitunas, etc.), tenga que ver con la fagofobia, antes comentada. LechugaTambién es llamativa la fobia a la lechuga, de la que me contaban un caso en el que la persona ni siquiera puede estar en la misma habitación que este producto verde sin ponerse a morir. Llamativamente angustiosa, la de una chica que no puede comer ni estar presente donde haya un alimento redondo, bien sea una albóndiga, una fruta o un caramelo. Algunos casos son tan graves que, quienes los sufren, hasta pierden el conocimiento cada vez que ven salsa de tomate. Hay varios casos más relacionados con el color. Se repite la fobia a los colores rojo y verde pero también aparece el negro, y no sólo relacionado con comida, sino que dicha persona no puede dar la mano a alguien vestido de negro o estar en una estancia cuya decoración tenga ese color. Cordero, conejo, caracoles, casquería, plátanos, pimiento, cilantro, cebolla o ajo también activan muchas repulsiones descontroladas. Otro caso reiterado es el de la ensaladilla rusa, del que adivino una herencia infantil de rechazo a comer aquello que no esté claramente definido. Inexplicable, el caso de alguien a quien le encantan los guisantes pero no soporta morderlos y ha de tragárselos enteros. En otros casos es otra fobia la que está detrás, como el caso de la ornitofobia (miedo a los pájaros), la que impide a mucha gente comer cualquier tipo de ave, y más todavía si no está despiezada. Hubo quien, con cierto sentido del humor, declaraba no poder comer angulas, ni caviar Beluga... y creía no poder hacerlo en mucho tiempo. Y tú, ¿tienes alguna fobia o comes de todo?   * Imágenes: Getty.

Cargando