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ENTREVISTA

Jose Coronado: "Alguien del gobierno me dijo que se equivocaron con el IVA cultural y que lo volverían a bajar"

El actor Jose Coronado nos abre las puertas de su casa para hablarnos de su nueva serie en Telecinco, de su carrera y del sector

José Coronado, protagonista de 'El príncipe' en Telecinco

La puerta aguarda entreabierta. Un billar español aparece tras cruzar el umbral. Está en medio de un amplio hall cuadrado poco iluminado. A la izquierda, en un rincón, esconde una barra de bar y un par de taburetes. A la derecha, en otra habitación -parece un despacho-, el actor Jose Coronado hace ademán de levantarse al percatarse de que la visita que esperaba, la del periodista que va a entrevistarlo, ya ha llegado.

Se acerca con tranquilidad, con una afable sonrisa y con la mano por delante. Su recibimiento es cálido, con una sincera intención en que el visitante se sienta como en su casa. "¿Dónde nos ponemos?", pregunta. No será su única cortesía.

"Tras los grandes movimientos de poder hay un banco, siempre mintiendo"

"El cine español se protege de una forma quijotesca"

"Desde el 'no a la guerra' nos la tienen jurada, van a por nosotros"

"Lo de bajar el IVA de los cuadros es un insulto, una broma de mal gusto"

"Me gusta estar cerca de la cámara y del director, donde se cuece todo"

"El misterio de tu persona, es de las mejores cosas que le pueden acompañar a un actor"

"La gente piensa que interpretar es mentir. No"

"Creo en la sencillez, el agradecimiento y la educación."

Ya sentados, en un cómodo sofá de un diáfano salón rodeado de ventanales, Coronado ofrece a su interlocutor algo para tomar. Un café puede ser una buena opción pasadas las cuatro y media de la tarde. Él toma otro. Es exquisito. El café y el trato de este actor que ya peina canas. Por edad, 56 años, y por experiencia en una profesión que, sin ser vocacional, despertó en él una fuerza interior y una ilusión inagotables. Ha pasado y sigue pasando por el teatro, el cine y la televisión. Este martes estrena nueva serie, 'El príncipe' en Telecinco.

Jose Coronado llama siempre por su nombre al periodista durante la entrevista. Rompe las barreras. Ataviado con una camiseta y un pantalón de chándal pide permiso para encender un pitillo. Concedido. "Dilo sin problemas. Si te molesta, no fumo", insiste. Desprende una gran personalidad. Temperamento que, en la entrevista, se mantiene aletargado. Es educado y directo al responder. Sabe aguantar en el equilibrio: sus respuestas no son las típicas de un actor en promoción, pero tampoco dinamitarán la entrevista.

No puede evitar mostrar, pese a sus intentos fallidos de disimulo, cierta desafección e incomodidad cuando se le pone sobre la mesa todo lo que rodea al oficio del actor: fama, eventos, focos, prensa, promoción... En casi 3 décadas de carrera ya ha aprendido a convivir con todo esto. A Jose lo que le vuelve loco es jugar. Jugar a ser otras personas, a vivir otras vidas. Ahí sí, ahí sí que se le ilumina el rostro, como a un joven que cuenta sus proyectos. A Jose le gusta ser actor. Le gusta ponerse el casco y ser uno más en el rodaje.

Termina el café. Termina el cigarrillo. Termina la charla. Acompaña a su visitante hasta la puerta, lo despide con la misma amabilidad y cariño con las que lo recibió. Le despide por su nombre. Sí, Coronado es el caballero que siempre presupusieron que era.

En 2003, en un encuentro digital te ponían en el brete de elegir entre trabajar sólo en el cine o hacerlo sólo en la tele. Te quedabas con el cine opinando que "el cine es un trabajo de precisión y la televisión es puro entretenimiento". Ahora que vas a estrenar una serie, ¿sigues pensando eso? ¿Crees que la televisión ha cambiado a mejor en la última década?

Ha mejorado mi idea de la tele. Ahora estamos a un nivel de calidad muy superior al de hace 10 años. Además impera la realidad de que es el soporte en el que nuestros trabajos puedan ser visibles. En el cine, cada vez, está más difícil hacerlo. Es complicado que te vean 100.000 personas en el cine; en la televisión, a poco que no te vaya mal te ven 3 ó 4 millones cada semana.

Es un medio que, desde que empecé, defendí tremendamente. En aquel entonces, había muchos premios Goya y mucha gente que te decía que hacer tele era un trabajo menor. Nunca lo entendí. A mí me gusta mucho la televisión para trabajarla, es muy divertido. Hay que estar dando soluciones continuamente.

¿Estamos aprendiendo de los americanos que la televisión es un medio tan decente como el cine para un actor? Gandolfini en 'Los Soprano', McConaughey en 'True Detective' en el año en el que opta al Oscar...

Yo soy un ignorante en mil cosas, pero hace 30 años yo ya vi que la televisión era el medio en el que no se podía fallar porque era el medio que te podía permitir subsistir toda una vida trabajando. Hoy en día, con el cine o en el teatro, está difícil.

Te leía también en ese chat que, como consumidor, veías "cine, informativos y fútbol". ¿Sigues conservando esos mismos gustos televisivos?

He añadido a esas tres los documentales. Me apasionan desde hace unos años. De vidas de actores, de directores... o documentales de cualquier tipo. Así trabajo el inglés al mismo tiempo y adquieres cultura.

Las series las veo siempre por satélite, pero soy gran consumidor de series por lo que a mí me toca. 'The Wire' es una serie que me apasionó. Además, el tema policial a mí me toca muy de cerca [bromea]. Me pareció impresionante. Española, creo que 'El tiempo entre costuras' es una serie de gran calidad, de las que crean afición.

¿Qué viste tú en el guion o en el proyecto de 'El príncipe' para volver con esto a la tele?

Bueno, era seguir con la casa que me ha dado trabajo todos estos años, Mediaset. También confío en la productora, Plano a Plano, porque conozco a César Benítez desde hace muchos años. Y cuando me leí los dos o tres primeros guiones, me interesó muchísimo; creo que tiene todos los ingredientes para que la serie funcione y enganche.

Posee una realidad detrás que, por desgracia, está de rabiosa actualidad: la captación de células yihadistas. Es un tema apasionante y que me interesaba porque es historia de España y la gente no sabe que existe en España este reducto. La gente no tiene ni idea de que existe un barrio de esta conflictividad, de esta peligrosidad y complejidad como es El Príncipe. Se fusionan culturas, religiones...

Quizá esta zona de Ceuta la hemos visto en televisión en algunos programas que caen en el sensacionalismo con facilidad y pese a que se autodefinen como programas de investigación. ¿Tú te has encontrado la misma imagen que hemos visto en la tele de El Príncipe cuando has estado allí?

[Piensa] Es sorprendente. Yo lo viví de una forma idílica. Me pareció un enclave mágico, parecía un barrio de cuento visto desde fuera, con muchos colores. La gente, muy amable y eso que no tienen una vida fácil. Casi el 80% de los habitantes de este barrio está en paro. Sin embargo, todo era facilidades y así nos lo hicieron ver.

También es cierto que, según iba oscureciendo, empiezas a percibir ojos y hay gente que te aconseja que por ahí no andes solo porque es tremendamente peligroso.

¿El tema del yihadismo lo tratáis en la serie a partir de los tópicos que lo rodean u os adentráis bien en él?

Los tópicos son la realidad que hay. La captación de chavales para este fin y para todo tipo de fines. Allí, todos los chavales que delinquen por temas de narcotráfico son menores porque los eligen a propósito...

Como en 'The Wire' a los chavales que ponían en las esquinas a pasar droga...

... exacto. La pena es más pequeña para un menor. Ahí está la orden del día la caza de jóvenes para lo que sea, incluso para llevárselo a Siria a entrenarlo y que luego se ponga un cinturón y vuele por los aires.

En tu experiencia en esta barriada, ¿percibiste que la presencia del Estado, de las instituciones sólo está en la Policía? ¿Viste otras expresiones de presencia institucional como hospitales, colegios, parques...?

En el barrio de El Príncipe son más de 8.000 personas censadas -dicen que en realidad son unas 12.000- y pocos polideportivos ves. Para mí es la misma sensación que meterte en las favelas de Río. No hay tampoco grandes parques ni hay nada. Son un conjunto de casas, la mayoría ilegales, que se empezaron a montar en un barrio militar y se hizo la vista gorda. No hay licencias. El que tenía más dinero construía más pisos. En las calles no hay ni nombre...

Un policía que trabaje en este entorno, como le ocurre a tu personaje en 'El Príncipe', ¿debe ser un tipo duro?

Debe ser un tipo duro y yo entendí que también un gran negociador. Debe imponer sus normas, no las establecidas por las instituciones porque lo que vale en Cuenca, allí no vale.

Allí te das cuenta que, por hacer un bien, puedes hacer un mal mucho mayor. Una de las premisas de mi personaje es evitar la sangre, que muera gente. Para ello debe hacer ciertas concesiones y la vista gorda.

Yo defiendo la postura de mi personaje que, más que ir con la ley, va con la lógica y el sentido común en un lugar donde todos esos delitos no van a desaparecer porque no hay visos de que las instituciones quieran poner medios para arrancarlo de raíz.

En la manera de actuar de este personaje que encarnas, será importante la experiencia que él posee como policía y que le enseña a tomar decisiones. A ti ¿qué te ha enseñado tu experiencia en estos años de actor a la hora de tomar decisiones?

He aprendido mucho. Al margen de todo lo que rodea a la profesión de la interpretación [fama, eventos...], tienes el privilegio de vivir otras vidas. La investigación y la creación de tus personajes te enriquecen personalmente.

Entiendes mucho mejor muchos colectivos que, antes de acometer esos personajes, no los entendías. Lo primero que hice fue un homosexual en una obra de teatro y me cambió mi percepción. Al igual que esto, he podido valorar profesiones como las de policía o bombero.

He aprendido que, al mismo tiempo que estás haciendo tu trabajo, hay que jugar a lo que rodea a la profesión. Es decir: promoción, popularidad, fama... todas estas estupideces que hay que...

... he visto que no te gusta demasiado esa parte, ¿no?

[Sonríe] No, no me gusta. Lo acepto. Yo quiero, en la medida de mis posibilidades, ser como cualquiera y poder tener tu vida privada. Además, mirando al largo plazo, una de las mejores cosas que puede acompañar a la carrera de un actor es el misterio de tu persona. En el momento en el que tú estás en la pantalla y estás en las revistas con tu vida, hace que la gente no te vea de Enrique VIII ni de policía...

O que se formen prejuicios en torno a ti...

Exacto, es muy fácil. Cuando yo empecé te trataban de una forma más suave y más amable. Lo que he aprendido es a ir con educación y buenos modales, pero sin entrar en ese juego. Yo hablo de mi trabajo. De mi trabajo hablo en cualquier sitio y con quien sea, pero de mi trabajo.

¿Qué se le pasa a uno por la cabeza para que con 28 ó 29 años se de cuenta de que quiere ser actor?

[Sonríe recordando] Se me pasó una alegría que la vida me puso delante. Yo no tenía la más mínima vocación como actor. Yo estuve en mil berenjenales metido. Estuve en la universidad en dos carreras, tuve una agencia de viajes, estuve de modelo, fui coreógrafo, después restaurantes...

Entré en el mundo de la interpretación por el estrés que me producía la hostelería. Y encontré que eso era tremendamente divertido. Que era jugar, con toda la seriedad de la palabra.

Cristina Rota me decía que tenía voz, presencia... y que si me lo trabajaba bien quizá podría vivir de esto. Y dije "voy a por ello". Y mira, han pasado treinta años...

En la película 'La vida de nadie', das vida a un farsante que además trabaja en la banca, anda relacionado con ese mundillo del dinero, los ahorros, la rentabilidad... ¿Hoy en día se nos hace más normal que ese tipo mentiroso y farsante sea un banquero?

En la película no fue con esa idea, pero está muy bien traída. En 'La caja 507' hay una frase fantástica que le decía un tipo poderoso a Resines: "detrás de todo, siempre hay un banco". Pues es verdad. Detrás de todos los grandes movimientos de poder, siempre hay un banco. Y, desde luego, siempre están mintiendo, eso está claro.

¿Por qué desde el Estado se debe proteger más a un banquero que lo que haga un señor como Jose Coronado o un médico o un profesor...?

Se hace porque el sistema está organizado así y porque son ellos los que controlan los hilos. Se ayudan unos entre otros para poder seguir siendo los dueños del corral.

Y la industria del cine en España, ¿sabe protegerse a sí misma o se protege mal?

Yo creo que se protege bien en el sentido de "todos a una", pero que nos protegemos de una manera un poco quijotesca: apelamos al sentido común, a que la cultura es algo del pueblo...

Además, no es que nos protejamos mal, ¡es que nos la tienen jurada, joder! Desde el "no a la guerra" nos la tienen jurada, van a por nosotros y no pierden la mínima oportunidad.

Siempre podrás comprar cuadros con un IVA más reducido...

Hubo alguien del gobierno que me dijo que se habían equivocado y que esto [el IVA cultural] lo volverían a bajar, pero que por agravio comparativo con otros gremios debían mantenerlo, pero que lo bajarían.

Yo estaba convencido de que era ahora esa bajada. Cuando me encontré lo de los cuadros, pensé que es un insulto, una broma de mal gusto. Yo soy un enamorado de la industria del cine francés, de cómo la protege el Estado. Bajan el IVA, facturan más, dan más trabajo... Es que el cine es algo que va directo al espectador, que lo merece. Un pueblo sin cultura es un pueblo sin identidad. No puedo entenderlo, me parece penoso. Y sigo pensando que es una venganza.

¿Crees que quizá se está poniendo el foco, como solución, a hacer más visible el cine español y a sus actores con eventos, premios... que a intentar arreglar y cambiar el modelo de distribución que potencia más la proyección de películas norteamericanas? ¿Se ha resignado la gente del cine en este punto?

No es que se hayan resignado, es que te lo ponen difícil. En Francia la distribución está regulada por el Estado, hay incentivos fiscales para el cine francés... Hay mil medidas adoptadas que les hace tener una industria floreciente. A diferencia de España, que cada vez nos meten más en la UVI.

Lo único que nos salva son nuestras ganas y el estar en un momento de calidad -tanto técnico como artístico- como no lo ha habido nunca. Ahora mismo, vendemos más fuera que dentro.

¿Dónde es más difícil llevar un fracaso: en cine o en tele?

Yo creo que en la tele. Creo que en la tele [repite]. En el cine pasa más desapercibido. Es cuestión de la gente que te ve. En el cine, muchas cosas maravillosas pasan sin pena ni gloria, por desgracia, y muchos fracasos, igual. En la tele tiene mucho más eco.

Y el éxito, ¿dónde se lleva peor: en cine o tele?

También el la televisión. Sobre todo para los chavales jóvenes que, de pronto, la tele los puede subir a lo alto del pedestal. Y si no tienes los pies en el suelo y la gente que te lo diga...

Que dices "pero chavalín, ¿qué has hecho? Pero si ni siquiera vocalizas...Da gracias y vete a seguir aprendiendo".

¿Una de las consecuencias de la crisis es que, los productores que se juegan el dinero, tiran demasiado de rostros televisivos tanto en el cine como en el teatro? AISGE publicaba un informe en el que 3 de cada 4 actores no pueden vivir de su trabajo, y uno tiene la sensación de ver a los mismos jóvenes en todos lados, ¿es positivo?

[Respira fuerte] A mí me parece fantástico que caras conocidas vayan al teatro, todo suma.

Manda la televisión porque tú, con la televisión, entras en las casas de la gente y te sientas con ellos en el sofá, en pijama. Eso hace que seas querido y hace que vaya al teatro a verte aunque no sepan de qué va la obra. Si luego además ese actor brilla en teatro...

¿Como actor y padre, sentiste algún tipo de miedo cuando tu hijo protagonizó esa tv-movie - 'No soy como tú'- dirigida a un público adolescente, en una cadena potente como Antena 3 y con la que podría ser fácil alcanza notoriedad? ¿Le diste consejos?

Soy muy poco de consejos porque, además, mi hijo vive desde que era niño conmigo y ha mamado esta profesión día a día. A través de mí ha visto todo por lo que yo he pasado.

El único consejo que le he dado es que tenga paciencia, que se prepare mucho, que hoy en día vienen muy fuertes. Está mucho más difícil hacerte hueco. Le aconsejé en cuanto a la paciencia.

En lo que se refiere a este mundo, todo lo que mueve, él ya me ha visto desesperado. A mí me enerva mucho cuando marean la perdiz con nuestra profesión o intentan llevarnos por otros derroteros. Es bastante maduro para darse cuenta.

Hay que prepararse. La gente piensa que interpretar es mentir. No. Es estar relajado, saber analizar un personaje, construirlo... Y luego interpretarlo de una forma relajada, sabiendo respirar, no bloqueando el cuerpo... Eso sólo se consigue a través de años de aprendizaje.

En tu carrera no son pocos los proyectos en los que te ha tocado trabajar con gente joven, como pudiera ser tu hijo. ¿Qué aprendes de ellos?

De todo el mundo aprendes. En este profesión, he aprendido más veces lo que no hay que hacer, que lo que hay que hacer. Lo que no hay que hacer lo veo bien.

Te iba a decir que los jóvenes me contagian fuerza, ilusión... pero no es cierto. Porque ese es mi fuerte, mi virtud. Me apasiona de tal forma mi trabajo que me levanto a las 7 de la mañana y estoy hasta las 8 de la noche. Me ponen roulotes y no me siento allí, porque me gusta estar cerca de la cámara y el director, donde se cuece todo.

Esta profesión no la concibo sin el equipo. Sin un equipo detrás, no eres nadie. Lo que más me gusta de esta profesión es el trabajo diario, ponerte el casco por las mañanas e irte a trabajar con dignidad y con tus compañeros. Yo procuro estar en todos los departamentos, me doy cuenta de las necesidades que tiene el microfonista, el de la luz... porque eso mejora mi trabajo y el suyo. En la televisión es fundamental crear un ambiente de equipo, de ayuda.

¿Cuáles son tus valores como persona?

Creo que la sencillez, el agradecimiento y la educación. Para mí, son valores.

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