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Sintra: la saudade vive en un palacio romántico de Portugal

Sintra es la ciudad de los palacios y la saudade. La antigua zona residencial de la corte y la nobleza portuguesas, a apenas 30 minutos en coche de Lisboa, acumula tal cantidad de palacios, castillos, mansiones nobles y jardines románticos que apabulla al viajero más versado. Pero no son los salones medievales llenos de azulejos ni las arboledas decimonónicas lo que más enamora de esta pequeña villa. Lo que cautiva es su clima lluvioso, su saudade, producto de la altitud a la que está ubicada y su cercanía al océano. Las brumas del Atlántico que la envuelven buena parte del año hacen de Sintra la ciudad más evocadora y llena de saudade de Portugal.

La concentración de monumentos de Sintra –por la que fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO- hace recomendable dedicarle una estancia larga, más allá de la típica excursión de día desde Lisboa. Además, desde que los principales palacios y jardines los gestiona la entidad pública Parques de Sintra su imagen se ha modernizado, con acciones vanguardistas como que las restauraciones se hagan siempre de cara al público y el personal que participa en ellas tenga por contrato que responder a las preguntas y curiosidades del público, si las hubiese.

Estos son los lugares imprescindibles de ver en un fin de semana o un puente en Sintra:

Palacio de Montserrate

Una de las joyas ocultas de Sintra. Un rico comerciante inglés, Francis Cook, lo compró para convertirlo en el mejor jardín botánico de Sintra. Cook hizo traer especies vegetales de los cinco continentes y gracias al especial microclima de esta sierra portuguesa consiguió crear ambientes muy diversos, desde un valle neozelandés con helechos del tamaño de una palmera a un jardín mexicano. Como corresponde al ideal romántico, el jardín está concebido para viajar con la imaginación a lugares lejanos y exóticos, un viaje sensorial en el que se activan los cinco sentidos. Hasta mandó retirar la cubierta de una vieja ermita para que asemejara a unas ruinas, muy al gusto del siglo XIX, encima de la cual plantó grandes higueras australianas para que sus raíces se superpusieran sobre las piedras desmoronadas. 

Sintra, Montserrate 2

Como colofón de la recreación sensorial mando construir en el otero que domina la finca un palacete de verano de estilo neonazarita que parece el hermano pequeño de la Alhambra. Lord Byron conoció Montserrate cuando estuvo en Sintra y  y escribió: “Reúne en sí toda la naturaleza salvaje de Escocia y el verdor del sur de Francia".

Sintra, palacio da Pena 3

Palacio y parque da Pena

El lugar más visitado de Sintra es obra de D. Fernando II, rey consorte y marido de la reina María II. Cuando vio las ruinas de un convento benedictino en lo alto de unas peñas graníticas que dominan Sintra se enamoró del lugar y decidió comprarlo con su fortuna particular para transformarlo en un lugar de descanso según los manuales románticos del siglo XIX. El resultado es un conjunto de estancias eclécticas, que mezclan desde una puerta copiada de la Alhambra a ventanas mandolinas; un nido de águilas cuya silueta domina todo el paisaje como si un de castillo de cuento de hadas se tratarse. Las 85 hectáreas de bosque que le rodean fueron plantadas también en tiempos de D. Fernando II con especies autóctonas y exóticas.  Hay senderos, lagos con cisnes, paseos a caballo y en calesa.

 

Chalet da condessa d’Edla

Cuando D. Fernando enviudó de la reina María II se casó con una cantante de ópera americana. La boda fue toda una declaración de guerra a la conservadora y encorsetada corte portuguesa, que se dedicó sistemáticamente a ignorar y despreciar en público a la americana (reconvertida en condesa por orden de su nuevo marido). Harto de la situación, D. Fernando mandó construir un chalet más moderno en los jardines del palacio da Pena, que sirviera como nidito de amor y refugio para la pareja frente las lenguas viperinas de la corte. El chalet ardió en 1999 pero ha sido reconstruido tal cual estaba, en una sentida declaración de principios del romanticismo del XIX: adoración por los elementos naturales, con barandas de corcho, estuco pintado imitando la madera, alegorías vegetales, guirnaldas y volutas en las pinturas murales interior. Todo muy escenográfico, como correspondería al decorado de una ópera. Interesante de visitar tanto por la construcción en sí, como por las vistas (si el día está claro, cosa rara en Sintra) y los senderos ajardinados que se pierden entre el laberinto de domos de granito cercanos.

Sintra, chalet de la Condesa

Palacio de Queluz

A mitad de camino entre Lisboa y el centro histórico de Sintra se alza el Versalles portugués. Un palacio de verano de la familia real al más puro gusto barroco, con salones espectaculares, como el de la Música o el del Trono, y buena parte de la memoria histórica de los últimos monarcas lusos. Es la sede de la Escola Portuguesa de Arte Equestre, que hace demostraciones con sus caballos lusitanos en primavera y verano. También hay demostraciones de cetrería todos los días del año a las 12, menos los lunes (muy recomendable para ver con niños). En las antiguas cocinas se ha instalado ahora un restaurante.

Sintra, Queluz

Palacio Nacional de Sintra

Es el famoso edificio de las chimeneas, que preside la zona alta del centro histórico. Mil años de historia concentrada entre sus muros. En sus orígenes fue una residencia noble del caid musulmán que regentaba esta zona para el califato de Córdoba. Sobre sus restos fue creciendo el edificio cristiano. Dicen que es el único palacio medieval europeo que conserva intacta su planta original. Por dentro impresionan sus fastuosos azulejos y sobre todo el Salón de los Blasones, el mejor estudio heráldico que se conserva de la historia lusa. Por cierto, las dos chimeneas troncónicas -emblema de Sintra-  son la salida de humos de las cocinas. Y por más que preguntes nadie logrará explicarte por qué son tan grandes y voluminosas.

Sintra, palacio de Sintra

Probar los travesseiros en Piriquita

Sintra es famosa por sus pastelerías. Pero entre todos los dulces autóctonos destaca uno: los travesseiros, un pastel de hojaldre relleno de una crema de huevo y almendra. Los venden en casi todas las cafeterías pero los originales y auténticos son los que hacen en la pastelería Piriquita, en la rúa das Paradías, frente al Largo do Palacio. Las colas que se forman en el local confirman esta aseveración. También son muy apreciadas las queixadas.

Sintra, travesseiros

Castelo dos Mouros

Sobre una de las colinas graníticas que dominan la sierra se levantan los restos de un castillo que fue en origen un fortín musulmán aunque se han encontrado restos de ocupación desde el neolítico. Es un castillo lleno de sorpresas. Además de la excelentes vistas panorámicas que se tienen de la villa, de la sierra y el mar o del palacio da Pena desde lo alto del torreón Real, llama la atención la buena restauración y museización que se ha hecho de los restos aparecidos, desde una iglesia medieval a la cisterna del castillo. Se puede cruzar el valle en tirolina o almorzar en la cafetería del patio del castillo. Un sendero sube desde el centro histórico hasta el castillo y continúa luego hasta La Pena, para los que prefieran ganar estas alturas a pie.

Sintra, castelo dos Mouros

Palacio de Seteais

Un rico comerciante de diamantes, cónsul de Holanda en Portugal, se construyó a finales del siglo XVIII una suntuosa mansión a las afueras del casco histórico de Sintra, en unos terrenos regalados por el gobierno en pago a favores. Tras muchas vicisitudes, el edificio es ahora un hotel de cinco estrellas, el más lujoso de la villa. Sus salones y estancias están llenos de pinturas murales originales y de valiosas piezas de arte. Es como alojarse en un museo de la historia. Los salones, el bar y el restaurante están abiertos a no alojados, y merece la pena darse una vuelta por allí para conocer cómo era por dentro un edificio civil de la época dorada de Sintra.

Sintra, palacio Seteais

Y también...

Quinta da Regaleira

El edificio más inclasificable de Sintra es obra de un acaudalado portugués, Antonio Augusto Carvalho Monteiro, quien entre 1982 y 1910 mandó construir aquí un desbordante y lujurioso conjunto de palacio, jardines, lagos, grutas y pozos cargados de simbolismos templarios, masones y ocultistas. Ningún detalle deja impasible al visitante, muy en especial su famoso pozo iniciático.

Museo de los Juguetes

Muestra una colección de más de 40.000 juguetes de todo el mundo y todas la épocas, atesorados a lo largo de una vida por un coleccionista particular, Joao Arbués Moreira.

Si quieres disfrutar de las maravillas de Portugal, te invitamos a realizar un recorrido por sus ciudades más bonitas. Un circuito turístico y monumental que hará que descubras los encantos más ocultos de Sintra.

 

todas las fotos © Paco Nadal

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