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Aragonés no declaró al Congreso que asesora a una editorial próxima al Opus

El exjefe de gabinete de Jose María Aznar y marido de la consejera de Educación madrileña, Lucía Figar, habla de "un olvido" que reparará y asegura que su puesto en el consejo de administración de Ediciones Rialp no está remunerado

Foto de archivo de Carlos Aragonés y Manuel Pizarro en el Congreso. /

De acuerdo con la ley que regula la actividades privadas de sus señorías (LOREG, Ley Orgánica de Régimen Electoral), los diputados han de incluir en su declración de actividades "el desempeño de puestos o cargos que llevan ajenas funciones de dirección, representación, asesoramiento o prestación de servicios en empresas". Este principio, es independiente de que la actividad sea o no remunerada.  Es lógico si se da por bueno el espíritu de la ley: que la Comisión del Estatuto de los Diputados pueda establecer si la actividad resulta compatible o no con el puesto de legislador. En otras palabras, la labor de asesoría privada que un diputado preste a una sociedad mercantil ha de declararse siempre con independencia de que no se cobre por ella.

Es exactamente lo que no hizo Carlos Aragonés. El que fuera jefe de gabinete de Jose María Aznar hasta su salida de La Moncloa en 2004, entró el el Congreso como diputado por Madrid en ese mismo año. En su última declaración de actividades, presentada al comienzo de la ultima legislatura, en 2011, Aragonés sólo declara como actividades privadas "cursos, conferencias y clases universitarias". Ni rastro del puesto como consejero que ocupa desde noviembre de 2010 en la sociedad Ediciones Rialp S.A. Una editorial religiosa, en la órbita del Opus Dei, que publica las obras de Escrivá de Balager y que de hecho, lleva el nombre de la localidad leridana donde el fundador de "La Obra" -según sus seguidores- tuvo contacto con la Virgen María en el 1936.

El diputado Carlos Aragónés es presidente de la Comisión de Cooperación Internacional para el Desarrollo, vocal de la Comisión de Asuntos Exteriores y vocal de la Comisión de Cultura. Su puesto en esta última convierte en especialmente delicado el hecho de no decrar su puesto en el consejo de administración de Ediciones Rialp dado que, el ámbito legislativo de la comisión de la que forma parte afecta directamente al ámbito de la empresa privada a la que asesora.

En conversación con la Cadena SER, Carlos Aragonés atribuye a un olvido la omisión de su puesto como consejero en editorial Rialp en su declaración de actividades. A pesar de que reconoce que su labor como miembro del consejo de la editorial incluye las actividades propias del puesto en cualquier sociedad mercantil (desde la asesoría a la aprobación anual de cuentas) asegura que la actividad no está remunerada. "No percibo ningún salario por mi trabajo de asesoría ", afirma. En cualqueir caso, consciente de que la ley le obliga a declarar su actividad privada, añade: "subsanaré el olvido lo antes posible".

Sobre la naturaleza religiosa de Ediciones Rialp, Aragonés reconoce la proximidad del proyecto editorial al Opus Dei, si bien señala que "la editorial no tiene relación en términos jurídicos, sino más bien en el ámbito ideológico" .

Un matrimonio próximo a círculos "ultracatólicos"

Carlos Aragonés está casado con la consejera de Educación y Empleo (ahora en funciones) de la Comunidad de Madrid, Lucía Figar, recientemente imputada en la trama Púnica de corrupción. Durante sus ocho años al frente del departamento madrileño de Educación, han sido constantes las criticas de la oposición que ha denunciado trato de favor a los centros concertados de carácter religioso. La Federación de Asociaciones de Padres de Alumnos (FAPA) Giner de los Ríos llegó a presentar dos denuncias por prevaricación contra la Comunidad de Madrid por concertar nuevos centros religiosos en Parla y Rivas-Vaciamadrid.

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