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Caso nóos

Diego Torres, el azote del caso Nóos

Torres y su abogado Manuel González Peeters señalaron desde que estalló el caso a la Casa Real y dosificaron durante la investigación centenares de correos electrónicos para intentar involucrar a Zarzuela en los negocios de Urdangarin

Diego Torres, en una de la sesiones del juicio junto a su abogado /

Diego Torres era un "obsesivo del control" y junto a Iñaki Urdangarin se encargaba de la "gestión, dirección y organización" de Nóos. Entendiendo Nóos como un ente único compuesto por la supuesta entidad sin ánimo de lucro y todas las empresas vinculadas a los antiguos socios iros que anidaron a su alrededor para vaciar el dinero público que ingresaba el Instituto. Así lo han definido en el juicio quienes conocían a Torres y a su aventura empresarial. Diego Torres y su abogado, Manuel González Peeters, han sido el azote del caso Nóos con una línea defensiva clara desde que estalló el escándalo. Nada de lo que se hizo fue ilegal porque los acuerdos con las administraciones públicas eran patrocinios no sujetos a control y porque la Casa Real estaba al tanto de todo y lo supervisaba todo. Y para reforzar sus argumentos fue dosificando a lo largo de toda la instrucción correos electrónicos que, según su versión, involucraban a Zarzuela en sus negocios.

Esta línea de defensa dejó a Torres y a Peeters solos frente a todos hasta que llegó el juicio oral. Iñaki Urdangarin y la Infanta Cristina se subieron a ese tren, cambiaron la versión que habían mantenido hasta el momento y señalaron a la Casa Real. Manuel González Peeters se convirtió en una suerte de abogado defensor de todos ellos y desactivó la declaración del testigo clave en el juicio amenazando con el deber que tenía de guardar el secreto profesional: Miguel Tejeiro, abogado del matrimonio Urdangarin - de Borbón. Diego Torres, que fue el único de los 17 acusados que estuvo en todas las jornadas del juicio sentado al lado de su abogado, trató de explicar una a una todas las facturas que se le exhibieron en juicio, las transferencias de dinero y el desvío de fondos a Luxemburgo que, dijo, "no era un paraíso fiscal". Y todo para llegar a la conclusión de que no sólo no hicieron negocio con el Instituto Nóos sino que, además, les salió a pagar. A pesar de todo subrayó que las jornadas de turismo y deporte fueron un éxito y mostró vídeos para que no hubiera ninguna duda de ello. De la lectura de la sentencia se desprende que todos los esfuerzos del antiguo profesor de Esade fueron en vano.

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