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Me vuelvo a mi pueblo

Mujeres universitarias que dejaron atrás su vida “urbanita” y regresaron al entorno rural

Maite Alvarez junto a sus vacas en la localidad lucense de Monterrosso /

El efecto dramático de la crisis, la rutina urbana, la recuperación de la memoria. Cada persona busca una razón o, quizás, ninguna para volver adonde nació.

En los últimos años, muchos profesionales, con carreras asentadas en las ciudades , han decidido reorientar su vida y comenzar una nueva etapa en el entorno rural . A este movimiento se le conoce como los “Neorrurales” y, en ese grupo cada vez más amplio, se encuentran muchas mujeres. Las motivaciones y los objetivos de algunas de ellas son muy variados. En el último encuentro organizado en Madrid por la Federación de Mujeres Rurales (FADEMUR) se puso en valor el trabajo de muchas mujeres que han optado "con valentía" , como dicen ellas mismas, por relanzar la agricultura y la ganadería en los entornos rurales desde una perspectiva sostenible.

Marta Alvarez Quintero, “Granxa Maruxa”: “Las vacas vinieron a buscarme”

Marta regenta la Cooperativa “As vacas de Ulloa” y se hizo cargo de la granja familiar que tenían arrendada en Monterroso (Lugo). “Estudié Ciencias Empresariales en Vigo y empecé como granjera sin tener ni idea”. Sus padres tenían alquilada la granja y ,cuando se iba a acabar el contrato, se produjo un hecho algo insólito. “La granja la llevaba otra gente -cuenta Marta- y, un día, las vacas se escaparon. Yo las llevé de nuevo a la granja y así empezó todo”. Con la ayuda de un paisano de esa localidad, el “señor Daniel”, Marta empezó a aprender el oficio de forma apresurada bajo la denominación de “Granxa Maruxa”. “Tuve 7 días para empezar. Con la ayuda de Daniel, Marta fue reflotando el negocio. “Al principio, teníamos 25 vacas pero tuve que sacrificarlas por una enfermedad”. Después, adquirió una cabaña de vacas holandesas con las que se entendía a duras penas. ¡Mugían en holandés!, recuerda sonriente Marta que, en estos años, ha sufrido, como otros muchos productores, la crisis del sector lácteo. Por eso, decidió diversificar el negocio hacia la elaboración de galletas con la nata de la leche y, últimamente, con el lanzamiento de una crema corporal ecológica que contiene un 40% de leche animal.

Marta Álvarez Quintero junto a sus vacas de la Granxa Maruxa / Granxa Maruxa

“Es un trabajo superduro”, asegura esta empresaria, que tuvo que escuchar, al principio, las apuestas que se cruzaban en el pueblo por el incierto futuro de su explotación ganadera. Marta adquirió cierta relevancia mediática cuando se conoció que las atiende con mucho amor, como dice ella misma. “Les pongo música clásica para mejorar su producción y he colgado fotografías de mi madre (fotógrafa profesional) por toda la granja.

Maite Botella, “Ladespensa.bio”: Mis padres me dijeron que estaba loca”

Maite es experta en Marketing, profesión que ejerció durante 20 años, y es hija de agricultores. “Decidí volver a mi pueblo, Aspe, en la zona del Vinalopó, y me encontré un lugar despoblado y con pocos recursos agrícolas”, comenta.

Tenía claro que quería dedicarse a la agricultura ecológica y , junto a su hermana, comenzó hace cinco años a cultivar en los terrenos familiares uva embolsada con denominación de origen, frutas y hortalizas. “Al principio, yo misma cultivaba la tierra y repartía en mi furgoneta toda la producción”.

Una imagen de los cultivos de verduras de Ladespensa.bio / ladespensa.bio

Maite fue aplicando sus conocimientos de emprendedurismo y cerró acuerdos con otros agricultores jubilados para explotar sus parcelas. ”No hay cambio generacional- explica-. Por eso, su proyecto se basa en poner en valor estas tierras y sacarles rendimiento. A cambio, los agricultores reciben una renta periódica.

Maite Alvarez da trabajo a cinco familias y a jornaleros que acuden periódicamente a recoger la uva. “Doy trabajo a más de 50 personas. Somos como una gran familia”, comenta esta empresaria.

El objetivo ahora es replicar el proyecto de “Ladespensa.bio” en otros pueblos con la ayuda de los ayuntamientos.

 

Isabel Martínez, “Avicomposteros RBKart”: “Los que venimos de la ciudad llegamos al campo con mucha ignorancia”

 

“Como persona estoy realizada”, explica Isabel mientras recuerda sus primeros días en la localidad madrileña de El Boalo. “He sido procuradora muchos años y llegó un momento en que no me llegaba el oxígeno”, explica esta ex urbanita que ahora se dedica de lleno a su proyecto de residuos orgánicos “Avicomposteros RBKart”. “El proyecto ahora es muy educativo- asegura Isabel-. Estamos enseñando a recuperar residuos y convertirlos en compostaje a los niños del colegio de El Boalo”. A esta emprendedora le gusta decir que no generamos basura sino recursos. “Más del 80% de la basura es residuo orgánico y se convierte en nutrientes para cultivar la tierra” sostiene. Maite utiliza a las gallinas como “herramientas” para arañar y deshacer los residuos.

Elaboracion de compostaje / Zummolo (Getty Images)

La reacción del pueblo ante esta iniciativa fue buena. “Estamos siendo bien acogidos. Los niños ven que pueden dar clase de matemáticas o geometría experimentando con los volúmenes de los huevos o que pueden observar los microorganismos de los residuos a través de un microscopio”. El pueblo deja la basura y ese “compost” se lleva a un huerto comunitario.

Antes de despedirnos, Isabel deja esta reflexión “La gente del campo me enseña mucho. Son un foco de sabiduría que durante mucho tiempo no hemos sabido escuchar”

 

 

 

 

 

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