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La pena de muerte desciende en el mundo, con la excepción de China

  • Estados Unidos sale de los cinco primeros puestos y con 20 ejecuciones el año pasado se pone en sus niveles más bajo
  • El país que más gente mata (China) queda fuera del computo global de Amnistía Interancional

La pena de muerte, en el mundo. / CADENA SER

 Si hay una lucha que cualquiera identifica con Amnistía Internacional (AI) es la de la abolición de la pena de muerte. Desde su fundación, AI ha estado siempre en contra y bajo cualquier circunstancia de una medida que considera una venganza y no Justicia. 

En su informe sobre 2016, que acaba de publicar, la conclusión sobre si la situación mejora o empeora no es clara. No sólo es que depende de a qué indicador o zona del mundo se mire, sino que si nos centramos en las tenedencias generales, no está muy claro si se puede decir que la cosa va a mejor o a peor. 

Por ejemplo, en 2016 se ejecutó a 1.032 personas en todo el mundo, con la excepción de China (los datos en China son tan abrumadores y poco fiables que se dejan fuera de las estadísticas internacionales en este caso). Son un 37% menos que en 2015, y eso es bueno para Amnistía Internacional. Pero en realidad en 2015 había habido un incremento notable, así que el dato mirado con perspectiva es relativo.

Condenas a muerte

Por otro lado, se ha matado con sanción judicial menos, pero se ha condenado más a muerte que en los años anteriores. El año pasado se añadió a 3.117 personas al 'corredor de la muerte' mundial, así que en él esperan ahora más de 18.000 presos.

Los países con más ejecuciones en 2016 fueron Irán, Arabia Saudí, Irak y Pakistán. Ellos sólos hicieron 9 de cada 10 'ajusticiamientos'. Pero dentro de cada uno de ellos las tendencias varían, y por ejemplo en Irán hubo un descenso general de casi el 50%, mientras que Irak triplicó el número de personas que mató con el beneplácito judicial, y Egipto los duplicó. 

Estados Unidos sale del 'top cinco'

Por primera vez desde 2006, Estados Unidos -con 20 ejecuciones- no figuró entre los cinco países que más han recurrido a esta fórmula de dar Justicia. Pero se debe en parte no al cambio social, al rechazo a esta práctica, sino a los litigios y los recursos judiciales sobre la obtención de sustancias químicas para su uso en los procedimientos de inyección letal.

El único país europeo en el que la pena de muerte sigue existiendo, la Bielorrusia del dictador Lukashenko, ha vuelto a ejecutar el año pasado. Pero dos países en el mundo, Benín y Nauru, han abolido la 'pena capital' de sus códigos legales. 

Lo preocupante para Amnistía es que en sitios en los que esta práctica inhumana quedó abolida hay presiones para recuperarla. El caso más notorio es el de Filipinas, donde el presidente Duterte pretende recuperarla como supuesta medida de control de la delincuencia y del narcotráfico. El propio presidente filipino presumió hace meses de haber lanzado él mismo a personas desde helicópteros. En la denuncia de esta retórica violenta Naciones Unidas se ha unido a Amnistía, ganándose los ataques del político filipino. 

Una pena injusta y sin garantías judiciales 

En la mayoría de los países donde se dictaron sentencias de muerte o se llevaron a cabo ejecuciones, la pena de muerte se impuso en procedimientos judiciales que no cumplieron las normas internacionales sobre juicios justos.   

Además en varios países, como Estados Unidos, Indonesia, Japón, Maldivas y Pakistán, fueron ejecutadas, o permanecían condenadas a muerte, personas con discapacidad mental o intelectual. Y en otros se condenó a muerte a personas por delitos cometidos cuando eran menores de edad (por ejemplo en Irán), lo que conculca las convenciones internacionales. 

En varios países (entre ellos Arabia Saudí, Bahréin, China, Corea del Norte, Irak e Irán), algunas sentencias condenatorias y condenas a muerte se basaron en “confesiones” que podrían haber sido obtenidas mediante tortura. En Irán e Irak, algunas de estas “confesiones” se emitieron en televisión.

El grotesco caso de China

El país que más gente mata queda fuera del computo global, porque Amnistía reconoce tener una idea aproximada de a cuánta gente se mató en 2016. Calculan que fue a más que el resto del mundo junto, y que además lo hizo por delitos graves y también menores. 

Los datos de ejecuciones son considerados secreto de Estado, pero según el seguimiento de AI puede haber varios miles de casos. Reconocen que puede haber habido un descenso en los últimos años, por varios cambios judiciales y procesos de revisión de condena. Pero en su informe considera que por su oscurantismo y falta de garantías, es una práctica "grotesca". 

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Cadena SER

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