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Turquía, imposible pero inevitable para la Unión Europea

  • Turquía es candidato a ingresar en la Unión desde hace más de 10 años. Europa representaba una gran oportunidad para seguir el camino de la modernización y convertirse además en un modelo a seguir por otras sociedades de la zona.
  • Con el tiempo la relación se ha ido enfriando y el Parlamento Europeo ha pedido que se congele la negociación tras la desmedida respuesta de Ankara al fallido golpe de Estado del pasado mes de julio

Un grupo de ciudadanos turcos plantando cara a los militares golpistas las noche del 15 de julio de 2016 /

Turquía es un importante vecino para la Unión, de eso no hay duda, pero ¿puede ser algo más que eso? ¿Puede aún ser un Estado miembro? Juan Fernando López Aguilar, eurodiputado socialista, lo ve más que difícil: "En un clima de clara desagregación del impulso europeo y de crisis moral, pretender que la Unión se va a ensanchar a un país que añadiría 80 millones de habitantes diputados y 90 escaños en el Parlamento es un insulto a la inteligencia, no es verdad, no es realista, no es sincero. Además Turquía ya no lo quiere. Es evidente que Turquía está invocando por las bravas su propia posición regiona".

En ese escenario, según Carmen Rodríguez profesora de Estudios Islámicos en la Universidad Autónoma de Madrid y especialista en Turquía, la Unión ha perdido cualquier capacidad de influencia: "Es la propia Unión la que ha perdido el enorme peso que tuvo al principio. Hay que recordar que en 2005 la UE decía a Turquía como cambiar el código penal, y Ankara lo cambiaba. Tenía un gran peso que ahora ha perdido y es su responsabilidad. La situación hoy en día es que la Unión no tiene ninguna influencia en la política interior turca".

El golpe de estado del año pasado, o mejor dicho la represión desatada por el gobierno de Erdogan después, no ha hecho más que complicar la relación entre Bruselas y Ankara. Mayte Pagazaurtundúa, eurodiputada del Grupo Liberal, recuerda que en noviembre pasado el Parlamento aprobó una resolución en la que "se condena enérgicamente las desproporcionadas medidas represivas desencadenadas tras el fallido golpe de Estado militar, se pide a la Comisión y a los Estados miembros la interrupción temporal de las negociaciones de adhesión hasta que el gobierno truco regrese a la senda del respeto a los derechos humanos". En todo caso, añade también ese texto, la Unión debe seguir comprometida con mantener la vinculación con Turquía.

Quizá ahí está la clave para prever cómo puede ser el futuro. El Parlamento, y Europa, quieren mantener ese vínculo especial con un vecino de gran importancia pero no está claro si será posible retomar con firmeza la negociación de adhesión, o habrá que pensar en otra fórmula. Ilke Toygur, investigadora turca del Real Instituto Elcano, sugiere que "nos guste o no Turquía está ahí, es el vecino más cercano, el guardián de fronteras. La relación está ahí y no se puede evitar, aunque la Unión tenga problemas con el gobierno turco, es algo estratégico".

Al final, añade Toygur, veremos que "la UE irá con diferentes velocidades y en ese escenario debe haber un lugar para Turquía. Quizá no sea el de un miembro más, pero debe ser un lugar en el que la Unión pueda usar mejor su influencia para hacer en el futuro una Turquía mejor".

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