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Despedida a Juan Goytisolo, un adiós íntimo de las dos orillas

Juan Goytisolo recibió sepultura en el cementerio de Larache (Marruecos) en una ceremonia íntima

Tumba de Goytisolo en el cementerio de Larache. /

Enviada especial a Larache

Juan Goytisolo recibió sepultura en el cementerio de Larache (Marruecos) en una ceremonia íntima y calurosa, a la vera de su amigo Jean Genet y con la vista puesta en el Atlántico y España.

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Estaban los cercanos, los íntimos, los necesarios, de un lado y del otro de El Estrecho para brindarle el último adiós al amigo, al intelectual, al escritor y al amante de las dos orillas.

Juan Goytisolo se queda en Marruecos, la tierra que tanto amaba y donde vivió los últimos 30 años. Por deseo propio fue enterrado el lunes por la tarde en el cementerio "marino" de Larache por sus vistas y cercanía al mar, o "español", a pesar de que los españoles lo hacen desde hace medio siglo en otro camposanto de esta localidad.

El féretro del escritor llega al cementerio de Larache. / SONIA MORENO

El cuerpo del escritor salió de Marrakech y llegó a Larache en un féretro de madera barnizada, pequeño y sencillo, a semejanza de su vida; entró en el cementerio coronado con un centro de rosas blancas y una fotografía, rodeado de españoles y marroquíes, como discurrió su vida.

Una ceremonia íntima, con los más queridos, al lado del Océano Atlántico y mirando a España. "No falta nadie y no se me ocurre mejor sitio para descansar", se emocionó mirando alrededor la directora del Instituto Cervantes de Tetuán, antes del de Marrakech, Lola López Enamorado. Ambos habían paseado por ese lugar para visitar la tumba de su amigo el novelista francés Jean Genet.

Cortejo fúnebre. / SONIA MORENO

Vela desde la otra orilla

"Miraba y remiraba la opaca masa de nubes que cubrían el Estrecho y velaba desde la otra orilla, me había ganado a pulso ser yo mismo, sin redil alguno, tantos y tantos esfuerzos de trabajo diario, tantas y tantas páginas escritas (...) ¡Qué discreta felicidad! ¡Qué descanso! Cerré y abrí una vez más los ojos, la bruma seguía venturosamente allí y todo lo borraba". Enamorado, recordó este texto de Goytisolo.

Hubo más palabras de despedida, las de su traductora al francés desde hace más de medio siglo, Alin Schulman, que emocionada cortó el discurso; "tardará mucho tiempo en pasar, si es que nace un español tan claro, tan rico de aventuras. Yo canto su elegancia con palabras que gimen y recuerdo una brisa triste por las palmeras".

El pintor Mohamed Mourabiti representó a los artistas marroquíes con los que se relacionaba en los cafés y no quiso olvidar los esfuerzos del Goytisolo para convertir la plaza de Jamaâ El Fna de Marrakech en Patrimonio de la Humanidad.

El consejero de cultura de la embajada de España, Pablo Sanz, habló en representación del embajador Ricardo Díez-Hochleitner que permaneció en Rabat acompañando al ministro de Justicia español, Rafael Catalá, de visita en el país. Antepuso al Juan humano, "entrañable y bondadoso" al Goytisolo "renovador de la literatura en español y pensador crítico".

Todos fueron cálidos pero concisos, porque Goytisolo "amaba las palabras pero detestaba los discursos", como recordó su alcazaba José María Ridao. Éste se despidió de su amigo leyendo las páginas finales con las que él mismo termina su autobiografía en 'En los reinos de Taifa'.

Junto a Jean Genet

Hasta la antigua colonia española del protectorado se desplazó "su tribu", como le gustaba a Goytisolo llamar a su familia adoptiva marroquí con la que vivía en la medina, la ciudad antigua, en Marrakech. Sus tres "nietos" presentes nacieron y crecieron en su casa. Younes, el mayor, de 25 años, pronunció casi para sí mismo, "le vamos a echar tanto en falta, ni nos imaginamos".

La anécdota de la jornada es que en su deseo de reposar a la vera del novelista francés Jean Genet, a quien admiraba y unía un gran amistad, el enterrador comenzó a cavar la tumba justo a su lado pero se topó con una gran piedra y tuvo que trasladar la sepultura unos metros más allá.

Un espacio laico, sin cruz, otro de los motivos por los que no se enterró en Marrakech, donde solo hay cementerio musulmán o cristiano, y él había dejado claro su expreso deseo de que fuera uno civil, siendo consecuente con sus ideales hasta la muerte. "Éste no lo es del todo laico pero se le parece. Nos hubiera gustado que se quedara en Marrakech para estar más cerca de él, pero así se cumple su voluntad y se respeta la ley marroquí", detalló a la SER Khadija El Gabsi, la cónsul honoraria de España en Marrakech y buena amiga del escritor a quien apodaba "el abuelo culto".

España no solo ha perdido al narrador más importante de las generaciones de medio siglo, sino también un puente entre dos civilizaciones, la de oriente y occidente, que Goytisolo tan bien supo unir con su vida y su obra.

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