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La campaña que no esperaba Theresa May

  • Dos atentados obligaron a su suspensión y provocaron una fuerte disputa sobre la seguridad y los recortes policiales
  • La primera ministra ha protagonizado una campaña pésima que ha mostrado su vulnerabilidad como líder

Trabajadores reflejados en una ventana sobre los carteles electorales de Theresa May y Jeremy Corbyn / ()

Todos líderes concluyen esta noche del miércoles la campaña más accidentada y confusa en la reciente historia británica. Dos atentados obligaron a su suspensión y provocaron una fuerte disputa sobre la seguridad nacional, los recortes policiales y los fallos de los servicios de inteligencia. Los sondeos son tan contradictorios, que es imposible vaticinar un resultado, aunque la mayoría apuntan a una victoria de los conservadores. No será sin embargo la victoria arrolladora que esperaba Theresa May cuando convocó los comicios anticipados. La primera ministra ha protagonizado una campaña pésima, que ha mostrado su vulnerabilidad como líder, sus dificultades para exponerse a las críticas de los ciudadanos y enfrentarse a las preguntas incómodas de la prensa.

“Juntos podemos conseguir un futuro de prosperidad para todos”, ha dicho triunfal en el acto final de campaña en Birmingham. May ofrece en nombre de los conservadores mano firme y liderazgo para negociar el brexit frente a su rival, Jeremy Corbyn.

El líder laborista, a diferencia de May, ha sido vitoreado en cada mitin por grupos entusiastas de seguidores, muchos de ellos gente joven, allí donde ha ido. Corbyn, jaleado como un héroe, promete acabar con la era de austeridad de los tories, aumentar los impuestos a los más ricos y a las empresas, e invertir más dinero en los servicios públicos, mejorar la sanidad, las escuelas, y garantizar el poder adquisitivo de los pensionistas. También ha prometido suprimir las matrículas universitarias.

Muy marginados, los liberales demócratas de Tim Farrow, la más europeístas de todas las formaciones británicas, están pidiendo a sus simpatizantes y a los laboristas que voten tácticamente para no dar un cheque en blanco a Teresa May. Está también puede ser la elección que dé la puntilla al UKIP, el partido de extrema derecha que llevó al Reino Unido al referéndum sobre la salida de Europa va camino de desintegrarse.

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