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Cuatro horas, cuatro días, cuatro meses

Del congreso de Podemos al del PSOE, de la censura a Rajoy a la proclamación de Sánchez, el escenario ha cambiado en la izquierda en muy poco tiempo

Pedro Sánchez, nuevo secretario general del PSOE, saluda a delegados y simpatizantes durante el acto de clausura del Congreso Federal del partido, celebrado hoy en Madrid. / ()

Contrastes fugaces. Este domingo, mientras los delegados del PSOE votaban a su ejecutiva, el secretario general preparaba su discurso de proclamación. En cuatro horas se daba cuenta uno de que la luna de miel que tiene con la militancia no se la dará Pedro Sánchez a los barones. Alguno de ellos bromeaba con que iría a ver el discurso del líder sólo si no le silbaban. A lo mejor no era broma. A primera hora del domingo se notaba el frío de algunos barones por la plurinacionalidad y por la nueva dirección mientras muchos delegados votaban ilusionados. Ha sido un congreso triunfal, de aplauso, de trámite, decían. De integración no se atrevía a decirlo ninguno. A última hora, aclamación de Sánchez, Guns N Roses y la Internacional. El himno del PSOE sonó al final. Militantes en autobuses, más gente de la que nunca hubo en un congreso y algunas caras que ya se vieron el sábado de quienes no podían disimular. Un congreso triunfal; aunque la dirección y los barones críticos parecieran decirse: paz para hoy, guerra desde mañana.

Contrastes medios. Desde la votación de la moción de censura contra Rajoy a la proclamación de Pedro Sánchez han pasado cuatro días, que empezaron con Pablo Iglesias reivindicando en el Congreso a Indalecio Prieto y a Juan Negrín, historia del socialismo, y acabaron con Pedro Sánchez apelando al 15M, origen de Podemos. Aires de acercamiento, mensajes de telegram y manos tendidas, a pesar de que de fondo esté el interés por quedarse con esa parte del pastel electoral, que si antes las elecciones se ganaban por el centro ahora el PSOE ha elegido Somos la izquierda como lema de su congreso. Entienden en el PP que Rajoy salió reinvestido de la moción y que con Sánchez les queda libre el centro, pero miran atentos el movimiento: de los anuncios del líder socialista sólo hubo uno que dijo hacer con solemnidad, cuando proclamó al PP como su único enemigo.

Cuatro horas, cuatro días y cuatro meses, que son los que han pasado de febrero a junio. Es el contraste largo y cierra el círculo. Febrero fue el mes de los congresos, porque celebraron los suyos Ciudadanos, Podemos y PP, pero el PSOE esperó a que las temperaturas fueran subiendo hasta junio. De sus congresos salieron fortalecidos Mariano Rajoy y Albert Rivera. En su asamblea zanjó Pablo Iglesias la batalla interna sobre Errejón. El congreso socialista le ha dado a Sánchez todo el mando y una ejecutiva sin críticos. Los líderes en la izquierda tienen ahora más poder, sin nadie dentro que marque incómodas líneas rojas, y parecen estar pensando en el plazo medio, que no sería tanto una moción de censura inmediata como un desgaste sostenido.

Sánchez e Iglesias pugnan por liderar la alternativa pero sugieren que tendrán que llegar a entendimientos. En cuatro meses el cambio relevante se ha dado en los partidos de izquierda, que coinciden, por cierto, en la plurinacionalidad del Estado. Eso no es ya un contraste. Es una coincidencia.

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