Las huellas de la caravana 'Abriendo Fronteras'

Una semana intensa de Madrid a Melilla pasando por diferentes ciudades de Andalucía para visibilizar y denunciar situaciones relacionadas con la política migratoria

Una cadena humana como acto simbólico delante del Congreso de los Diputados daba el pistoletazo de salida a la Caravana 'Abriendo Fronteras'. /

Medio millar de personas de cien colectivos de toda España decidieron emplear días de vacaciones, invertir su dinero y utilizar el tiempo libre en desplazarse hasta Melilla para "visibilizar y denunciar las políticas migratorias y el control fronterizo del Estado español y la Unión Europea (UE)".

No han tenido que viajar lejos para exigir "derechos básicos" de toda persona. Se subieron en ocho autobuses y se dirigieron al sur para "abrir fronteras". La caravana solidaria que el verano de 2016 denunció la situación de los refugiados en la ruta de Grecia, este año se ha quedado "en casa", en la frontera sur, bajo el nombre caravana 'Abriendo Fronteras'.

Una red formada por diferentes asociaciones que realizan un trabajo a pequeña escala y se unen en una acción conjunta importante al año para poner en el foco del debate público "situaciones inaceptables". El manifiesto, suscrito por más de un centenar de organizaciones, "denuncia las políticas en materia migratoria y de asilo que durante los últimos 30 años han vulnerado de forma flagrante los Derechos Humanos y las convenciones y acuerdos internacionales", según el comunicado difundido por la Caravana.

Nueve días y siete ciudades para denunciar la vulneración de los Derechos Humanos

En nueve días recorrieron siete ciudades con actos y manifestaciones para denunciar "la vulneración de los derechos humanos que sufren las personas migrantes". ‘Abriendo Fronteras’ contó con un grupo feminista, sumando los esfuerzos de aquellos colectivos que afrontan el fenómeno migratorio desde una perspectiva de género.

Dejaron en evidencia las devoluciones en caliente, el usos de concertinas en las vallas, las políticas de control de Frontex, la imposibilidad que tienen las personas subsaharianas para solicitar asilo en las oficinas de Ceuta y Melilla, la situación de los menores no acompañados que migran, y las "pésimas" condiciones de los migrantes que trabajan en el campo en Andalucía.

El Defensor del Pueblo y el Menor de Andalucía, Jesús Maeztu, incidió en el recibimiento en Sevilla a la caravana en el "retroceso de derechos" y en la "sociedad desigual que evita la cohesión social de los pueblos".

La valla de Melilla como objetivo final

El pistoletazo de salida lo dieron delante del Congreso de los Diputados en Madrid el 15 de julio con una cadena humana que se pasó de mano en mano simbólicamente vallas, palos o fotografías de migrantes heridos. Camino de Melilla pararon delante del Parlamento de Andalucía en Sevilla, en los Centros de Internamiento de Emigrantes (CIE) de Algeciras y Tarifa; y de vuelta a la península pasaron por Almería y Níjar para visitar los invernaderos donde trabajan y "sobreviven" los migrantes en condiciones "ínfimas".

Una cadena humana para reivindicar las políticas migratorias delante del Congreso de los Diputados, en Madrid. / Antonio Sempere

El objetivo final, la valla de Melilla, donde se impide o se cierra el paso a los migrantes camino de Europa. Tres días de talleres y visitas. Se concentraron frente al Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) para denunciar "las malas condiciones en las que se encuentran las personas que residen en el centro", según los testimonios recogidos de sus trabajadores; se preocuparon por los niños menores que emigran no acompañados, y visitaron el Barrio Chino donde los porteadores pasan bultos de grandes dimensiones y de muchos kilos por unos euros.

En el camino improvisaron algunas acciones no preparadas para, por ejemplo, luchar contra las deportaciones a los migrantes. Un parada en el aeropuerto de Sevilla para reclamar en el mostrador de la compañía aérea Vueling por haber impedido viajar a once españoles en Barcelona por defender a un ciudadano senegalés que deportaban en vuelo regular.

Para Paula Guerra de SOS Racismo y una de la coordinadora de la caravana abriendo fronteras, el balance final es "bastante positivo"; y recordó a La SER que este viaje evidencia "la fuerza que podemos tener cuando trabajamos en red y tenemos una causa".

Manifestación delante del Centro de Internamiento de Emigrantes en Algeciras / Antonio Sempere

Está pendiente un encuentro para evaluar el trabajo con la opinión de los distintos colectivos y territorios que forman parte de la red del colectivo caravana 'Abriendo Fronteras'. Sin embargo, los integrantes dicen haber "llenado la mochila de vivencias y realidades para compartir y divulgar".

La caravana crece de año en año

Durante el viaje se barajaron diferentes posibilidades de seguir con esta labor en 2018. Desde que las personas canarias entren a través de Marruecos, que también está al otro lado y tiene convenios firmados para contener la migración en el país; o la posibilidad de que participen colectivos de otros países de Europa y convertir la caravana en internacional.

Lo que tienen claro es que seguirán denunciando las políticas migratorias y de asilo de la UE y de España, y exigiendo que se respeten los derechos humanos de las personas migrantes "porque migrar no es un delito".

"Vamos a continuar denunciando y exigiendo al Gobierno español para que no disimule y mire para otro lado, que cumpla sus propios compromisos internacionales, que cumpla el estado de derecho y protección a menores, y a trabajadoras y asuma sus responsabilidades políticas", asegura a La SER Susi Capella, una de las participantes tras su vuelta el domingo de semana a Valencia.

De 2016 a 2017, de Grecia a Melilla, pasaron de 300 a 450 personas, y de 20 a 100 colectivos. La caravana crece de año en año.

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