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El instante de una época

La intensidad del momento, marcado por la crisis catalana, diluye el impacto político de la inédita declaración judicial de Rajoy

Más de 300 periodistas de 83 medios de comunicación, 21 de ellos extranjeros, siguieron la declaración del presidente de Gobierno, Mariano Rajoy, como testigo en el juicio del caso Gürtel / ()

“Desde el año 2009, en que la opinión pública conoció el asunto por el que usted se interesa, yo me he presentado a tres elecciones y he protagonizado decenas de intervenciones sobre este mismo asunto en el Parlamento, algunas monográficas. Si se produce una más, será una más”. Tenía razón el presidente del Gobierno este viernes, en la rueda de prensa en la que resumió el curso, porque desde que se conoció el asunto por el que le preguntan, que es la forma que tiene de llamar a la Gürtel, ha protagonizado decenas de intervenciones y se ha presentado a varias elecciones, a las que da el poder de saldar las responsabilidades políticas. Ha pasado mucho tiempo, una época entera, que por larga que sea cabe en el instante fugaz en que Mariano Rajoy caminó como testigo hasta el estrado a medida que le prepararon en la Audiencia Nacional. Luego se sentaría y diría que las cosas son como son, pero el instante crucial fueron esos pequeños pasos que dejaron fría a la sala de vistas, en un silencio que caía a plomo, mirándose unos a otros señalando sin decir nada todo lo que el momento tenía de trascendente. Fue un momento nada más, pero tuvo la mayor carga política.

Los pequeños e inéditos pasos del presidente representan el conflicto que atormenta desde hace años al Gobierno, que apenas puede echar a andar sin que asomen los escándalos. Rajoy querría hablar de la recuperación y de que España ya es tan rica como antes de la crisis, pero le recuerdan entonces el pleno que le reclaman Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, otra vez de acuerdo en algo. Sánchez e Iglesias no comparecieron en público tras el resumen anual de Rajoy en la Moncloa sino tras su declaración como testigo en la Audiencia, para que estuviera claro dónde observan la relevancia política. De ahí que el PP intente convertir los pequeños pasos que dio Rajoy en el fin de una época y, una vez pasado el trance, puedan ocuparse de otras cosas. De “las cosas”, por decirlo a la manera del presidente. A eso dedicarán el agosto, a tratar de borrar los pasos que dio Rajoy hacia el estrado y cuentan con que la actualidad les ayude.

En efecto, la situación política ha ido diluyendo el impacto de aquella declaración judicial de Rajoy, aunque fuera excepcional, porque la situación política ya es solo sinónimo de lo que pasa en Cataluña, donde la crisis ha llegado a una cota desconocida y la Generalitat plantea la desobediencia. En un momento tan agitado y grave, en el PP asumen que lo demás se disipará y si toca otra comparecencia sobre la corrupción “será una más”. En el PP creen que la corrupción ya no les puede generar más desgaste electoral y, en política, todo se mide según los votos que dé o que quite. Al cabo, los de Rajoy fueron unos pasos pequeños y ese instante que estremeció a la sala resultó un instante fugaz. Abrumador y plástico, pero fugaz.

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