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Adictos a la heroína: de personas sin techo a quienes ganan 175.000 dólares al año

"142 estadounidenses mueren cada día por una sobredosis. Eso significa que tenemos un 11-S cada tres semanas". Así resumía el gobernador de Nueva Jersey, el republicano Chris Christie, el mayor problema de salud pública que afronta Estados Unidos

Un consumidor de heroína en Philadelphia (EEUU) /

"Es una epidemia que ha tocado a todo el mundo. No falta nadie". Así resume Emelina Martinez la crisis de la heroína en Estados Unidos. Es la coordinadora de la ONG Miami Needle Exchange. Hace 25 años veía cómo sus amigos morían de sida; hoy, intenta salvar a sus vecinos de la heroína. El perfil es muy variado: "nos encontramos con jóvenes de 18 años a personas que se han enganchado con 68, personas que no tienen ingresos y otras que ganan 175 mil dólares al año". El único patrón que sí parece evidente es que, esta vez, la droga se ensaña más con blancos y latinos, que con afroamericanos.

En el Estado de Florida es ilegal tener jeringuillas sin receta médica y la única opción para inyectarse de manera segura es participar en el programa de esta organización, en el condado de Miami Dade. Allí pueden aparecer desde personas sin techo, a "bomberos, ingenieros, maestros o policías". Algunos conducen casi tres horas para inyectase esquivando el riesgo de contraer el VIH o la Hepatitis C.

El camino que lleva a la heroína

El recorrido que desemboca en la adicción a la heroína empieza de una manera sencilla. Basta un accidente con el coche y estar ingresado unos días en el hospital. Como el dolor sigue, los pacientes van buscando soluciones: "El médico les da unas 90 pastillas, pero luego se terminan y los médicos ya no dan recetas. En la calle, cada pastilla cuesta 35 dólares. Si tomas tres diarias y no tienes el dinero para pagarlas, te pasas a la heroína. Con el seguro tenías 90 pastillas por cuatro dólares. La heroína te cuesta diez".

A eso se suma el efecto: "la pastilla te quita el dolor durante un par de horas; la heroína, cuatro". Para algunos no es suficiente y mezclan la heroína con "un tranquilizante para elefantes que llega desde China y mueren a montones", explica Emelina.

A esta ONG también acuden familias: "Hay mujeres que se presentan preguntando qué pueden hacer para ayudar a sus maridos o padres que hacen el intercambio de jeringuillas para sus hijos y se sientan y se echan a llorar". La situación en el estado de Florida es alarmante y se ha decretado el estado de emergencia sanitaria.

Aun así, Emelina cree que si realmente se quiere recuperar a estas personas hay que apostar por planes de rehabilitación a largo plazo, de un año como mínimo. Cree que es la única manera para que estas personas puedan volver a la vida que interrumpió la adicción.

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