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Lo que esconden los mapas

La Biblioteca Nacional acoge la exposición "Cartografías de lo desconocido", un recorrido por el mundo de los mapas de la Antigüedad

Claudio Ptolomeo, edición de Miguel Servet, BNE, 1541 /

"Los mapas sirven para reflejar el gran teatro del mundo". Lo explica el historiador Juan Pimentel, uno de los comisarios de "Cartografías de lo desconocido", exposición que acoge la Biblioteca Nacional hasta el próximo 28 de enero. "La muestra da cuenta de dos hechos, que los mapas gustan a todo el mundo y que, a pesar de ello, no sabemos bien qué son". "Nos gustan los mapas porque no lo dicen todo, porque no son textos cerrados, porque no son dogmáticos, porque nos dejan decir, porque nos invitan a soñar. Los mapas tienen mucho de geometría, de arte, de poder, de poética".

La exposición reúne 200 piezas, desde el siglo VIII hasta nuestros días, y además de mapas incluye manuscristos iluminados, incunables, grabados, libros de viajes, tratados astronómicos, instrumentos científicos, etc. Muchos proceden de los propios fondos de la Biblioteca Nacional y otros de distintas instituciones españolas, como el Archivo Cartográfico del Ejército y la Real Academia de la Historia. Se divide en seis secciones que, como explica la comisaria Sandra Sáenz-López Pérez, "dan respuesta a qué son, en realidad, los mapas".

Mapa del río Amazonas, Martín de Saavedra y Guzmán, BNE, 1639 / BNE

La primera sección bajo el título "Las formas del mundo" evoca los primeros intentos de representar en dos dimensiones un mundo esférico. Lo explica la comisaria Sáenz-López Pérez "habría que remitirse al origen etimológico del concepto mappa que significa mantel, servilleta, pañuelo". La segunda sección, "La terra incógnita al descubierto", refleja la dificultad de representar los territorios desconocidos y tiene como eje central los viajes a América, de hecho, cartografiar el continente americano fue uno de los grandes retos de la Humanidad. La tercera sección "Otros mundos, otras gentes" recopila los mapas que incluían figuras humanas, mapas etnográficos que mostraban las razas y las peculiaridades de las personas autóctonas de cada continente. Especialmente, significativos son los mapas de África que después en el siglo XIX se representará como un continente vacío.

La cuarta sección está dedicada a "Lugares imaginarios", lugares como Utopía, el Jardín del Edén, Laputa -la isla de Gulliver-, Jauja o la Tierra Media de Tolkien, esos lugares que no existen pero como asegura el comisario Juan Pimentel "deben ser dibujados". Le sigue la quinta sección titulada "El silencio de los mapas". Según explica Pimentel "Los mapas no solo dicen cosas sino que callan muchas otras. Citando al gran Mayorga, el mal cartógrafo quiere decirlo todo. Cartografiar es sacrificar como escribir". El recorrido acaba con la sección titulada "Otras cartografías" que incluye los mapas que no representan una geografía. Hablamos de los planisferios celestes, los mapas del tiempo, los mapas de las corrientes marítimas o los mapas históricos, como la impresionante carta sincronológica de 7 metros de longitud que va desde la creación de Adán y Eva hasta la emancipación americana.

Entre las piezas más destacadas, el mapa de "La España probable", fechado a mitad del siglo XVIII por los jesuitas Carlos Martínez y Claudio de la Vega, que refleja según explica el comisario Pimentel "la España invertebrada, esa España que puede ser, esa España hipotética, que no está del todo proyectada sobre el mapa. ¿Por qué está incompleto el mapa? (...) Porque para levantar un mapa, que es una empresa colectiva, primero hay que tener un país. Para nosotros es el mapa de la Ilustración insuficiente".

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